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Los frailes franciscanos de La Rábida ofrecieron su hospitalidad y atención al que se decía como navegante genovés y supieron promover fantásticamente los proyectos de Colón. Casi  inmediatamente, comienza el marinero a recibir multitud de muestras de apoyo, tanto de la comunidad científica como de lo más respetable de la sociedad.

[caja-hombre] Antes de empezar a leer este artículo, quizá te interese leer su primera parte, para construir una casa mejor empezar por los cimientos que por la ventana 😉 [/caja-hombre]

Partió el Capitán, Don Cristóbal Colón, de Palos de la Frontera, localidad onubense, el 3 de agosto de 1492, capitaneando la flota formada por las dos carabelas Pinta” y Niña” y la naoSanta María”, y tras hacer una parada técnica en las Islas Canarias para arreglar el timón de la “Pinta”, pusieron viento en popa a toda vela desde La Gomera, dirección Oeste, el 8 de septiembre, con certeza por parte del Almirante Colón de hallar una ruta hacia las Indias, pero siempre con la incertidumbre de lo desconocido acechando entre las olas.

Se encontraron con el Mar de los Sargazos el 16 de septiembre para, una vez salvado, alcanzar la isla de Guanahaní el 12 de octubre. Prosiguió la flota el trayecto llegando el 28 de octubre a Cuba, y el 6 de diciembre a la  isla de La Española, donde quedó fundado un fuerte, como no, por las fechas, llamado el Fuerte de Navidad, construido con los restos de la carabela “Santa María”, tras haberse accidentalmente encallado ésta.

Tras esta incursión, regresaron a tierras españolas, en la “Pinta” y la “Niña”, y en el puerto de Barcelona fueron todos gloriosa y triunfalmente recibidos por el pueblo, los Reyes Católicos y demás autoridades y nobles de la época.

La siguiente avanzada a tierras americanas fue más apoteósica. En esta ocasión diecisiete barcos y unas doce centenas de hombres acompañaron a Colón en tan insigne y gloriosa travesía. Con un destino fijado más al Sur, la flota del Almirante llego a la isla Dominica, Guadalupe, Antigua, y Puerto Rico. Fundó la primera ciudad de América, La Isabela, en lo que ahora es provincia de Puerto Plata, en Santo Domingo. Discurrió por la costa Sur de Cuba y llegó a Jamaica y, algo que no reveló a su regreso, a la actual ciudad de Cumaná, en Venezuela. Así pues, aquella pequeña primera ciudad isabelina comenzó a poblarse y Cristóbal Colón regresó a Cádiz el 11 de junio de 1496.
cristobal colon regreso

La flota de ocho navíos que formaba la tercera expedición partió de Sanlúcar de Barrameda en 1498, y llegando primero hasta Cabo Verde, desde aquí, siguiendo una ruta que discurría más hacía el Sur que las anteriores incursiones, alcanzó, posteriormente, las islas de Trinidad y TobagoGranada, para acabar en la península de Paria, en Venezuela.

Francisco de Bobadilla fue enviado por los Reyes Católicos como “pesquisidor” de las gestiones que los Colón llevaban en La Española, una especie de auditor o inspector de hacienda, al haber recibido noticias de turbas por falta de pagos entre los colonos, llegando a ella el 23 de agosto de 1500.

Tras hacer comparecer a los hermanos Diego, Cristóbal y Bartolomé Colón, Bobadilla los hizo apresar por sus hombres y los envió a España en un navío. Una vez en la península los entregó al obispo de Burgos, Fonseca, y éste a los Reyes Católicos.

Isabel “La Católica”, no apreciando motivo de delito en su actuación, les deja en libertad. Es más, posteriormente vuelve a autorizar a Colón y a financiarle para volver a América, pero esta vez con una ineludible condición, no acercarse a La Española.

Así pues, en 1503, el 11 de mayo, tras salir de Sevilla y hacer paradas en Cádiz y Gran Canaria, parte Colón de nuevo hacia América para llegar directo al Mar Caribe. Es en ese caribeño mar donde se percatan de la presencia de un huracán y solicitan a las autoridades de La Isabela arribar a puerto. La autorización les es denegada y deben protegerse por donde pueden, en las inmediaciones. El temporal fue devastador. Todo el puerto de La Isabela y sus barcos fueron arrasados. Los navíos de Colón no salieron relativamente malparados y el Descubridor prosiguió su misión. Cosas del Destino. En esta ocasión, Colón buscaba un paso que le permitiera atravesar y  llegar hasta la Isla de las Especias (las actuales Malucas).

Alcanzó el marinero la isla Dominica, Puerto Rico, Honduras y Panamá, no logrando su objetivo, y tras recalar en Jamaica, partió, arribando al puerto de Sanlúcar de Barrameda el 7 de noviembre de 1504, en su regresó a España.

Fue por estas fechas cuando Colón comenzó a presentar una personalidad más mística. Poseído por unos absorbentes sentimientos religiosos, piensa, no solo que es un elegido de Dios para descubrir y convertir aquellos mundos, sino además que los Reyes Católicos estaban predestinados a ser, con los beneficios obtenidos de esta empresa para sufragar los gastos, los liberadores de la Tierra Santa en Jerusalén. Todo ese inusitado fanatismo religioso se puede ver plasmado en la desconocida obra del Almirante denominada  “El libro de las Profecías de Cristóbal Colón”, que el navegante terminó de escribir en 1504.

cristobal colon libros

Y tal y como decíamos, de España era muy probablemente su nacionalidad. Estando ya muy asentada aquella teoría del Cristóbal Colón que fue gallego.

Pero, entonces, ¿por qué mintió Colón queriendo dejar constancia de una procedencia  que no le correspondía? - difunde       

Colón manifestó en distintas ocasiones que era de nacionalidad italiana, originario de Génova, pero siendo las circunstancias analizadas adversas o poco concordantes con la realidad, se manejan diversos motivos por los que el gran marinero quisiera ocultar su verdadero origen.

La primera de las ocasiones en que Colón menta su patria es a la hora de presentar su proyecto a los Reyes Católicos.

Así pues, en primer lugar exponer que, en aquellos tiempos concretos, era afamadísima la reputación de los marineros genoveses, que eran considerados como los mejores y más preparados. No podía ser menos el promotor de un proyecto de esta envergadura, y para favorecer que su empresa fuera llevada a cabo, su artífice debía ser, cuanto menos, italiano o genovés.

Por otro lado, en el caso de ser portugués o gallego, era consciente de que la Corona de Isabel “La Católica”, la reina regente, se había tambaleado como consecuencia de la entrada en escena de su hermana, Juana, “La Beltraneja”, hija también de Juan II de Castilla e Isabel de Portugal, aunque portadora del San Benito de la bastardía, y cuya ocupación del trono habían defendido, principalmente, los lusitanos, esto es, portugueses y gallegos, entre ellos, muy probablemente, el mismísimo Colón. De este modo los Reyes Católicos no eran simpatizantes de los moradores de estos dos reinos y era cauto ocultar cualquier origen de aquellas tierras.

Y qué decir si realmente era judío. Corrían tiempos en los que, en lo mayoría de los casos, los practicantes de la religión sefardita eran férreamente perseguidos y sometidos a todo tipo de atrocidades. Reconocer esa tradición, en caso de que esa fuera su creencia y genealogía, sería todo un ejercicio de riesgo, que conllevaría, además, el desprecio de mucha gente y la adquisición de multitud de enemigos.

Cristóbal Colón, en las Capitulaciones de Santa Fe, como se denominó al contrato y las clausulas firmadas entre él y los Reyes Católicos el 17 de abril de aquel glorioso 1492, antes de partir, ya se había asegurado el cargo de virrey y la décima parte, transferible a herederos, de todos los beneficios obtenidos de aquellas tierras que se disponía a descubrir.

Finalmente, tras el descubrimiento y habiendo disfrutado una decena de años de aquellos pingües beneficios, la Corona no aceptaba seguir manteniendo tales privilegios hacia el Descubridor y menos hacerlos transferibles a sus hijos.  En 1505, tras haber fallecido la reina Isabel, el rey Fernando ofrece a Colón un dominio en territorios de Castilla a cambio de renunciar a lo firmado, algo que nunca aceptó D. Cristóbal, debiendo tanto él mismo, aun en vida, como su hijo Diego tras la muerte del Almirante, emprender y perseverar en acciones legales contra la Corona española, en los llamados “Pleitos colombinos”. Finalmente un laudo arbitral, al que se someterían ambas partes acabaría con la existencia del conflicto en el año 1536.

Treinta años antes, el 20 de mayo de 1506, ya había fallecido el ilustrísimo descubridor de las Américas Don Cristóbal Colón y Fonterrosa, en Valladolid, rodeado de familia y amigos, a los 55 años, tras padecer una infortunada enfermedad.

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No hay persona en el mundo, con uso de razón y edad adulta, que no haya oído hablar de Cristóbal Colón, habiendo perdurado, hasta tiempos recientes, en los anales de la Historia, como el único,  auténtico y genuino descubridor de las tierras americanas.

Y parece que todo esto no se hubiera producido, al menos en aquel tiempo, en la piel del gran Descubridor, si éste no hubiera renunciado a su patria, engañando a la Corona española, si es que así fue, en cuanto a su nacionalidad, en unos tiempos con unas sociedades y unos gobiernos que, ya por aquel entonces, estaban envueltos en actos de mentiras y pirateos constantes protagonizados principalmente por la nobleza y realeza en detrimento del pueblo llano y plebeyo.

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