Cuestión de fe
5 (100%) 1 voto

Desde niña me he sentido atraída por el mundo del misterio, por lo paranormal, por aquello que se salía de la “normalidad” establecida. Son muchos los temas que llaman mi atención y de los que he buscado información, indagado e incluso experimentado.

Pero sin duda, hay dos temas que tocan mi fibra sensible de forma especial: el fenómeno ovni y la existencia de vida más allá de la muerte.

En una primera fase, era una crédula dogmática, estaba totalmente convencida de la existencia de ambos fenómenos sin más, como el que cree en dios, no le hacen falta pruebas y nadie que le demuestre nada, porque cree, porque tiene fe. A mí me pasaba lo mismo. Y además estaba en la edad, esa terrible adolescencia, de que así fuera, no necesitaba más. Ahora, creo que hay tantas evidencias que demuestran la existencia de estos fenómenos como de lo contrario, todo depende de lo que quieras o necesites creer, y claro está, de tus experiencias vividas.

De todo esto, lo único que ha cambiado es mi edad.

Soy de las que piensa que cuando la mitad del mundo se une para negar o demostrar la no existencia de un fenómeno, es porque algo hay detrás, porque sí que existe, porque de lo contrario ¿Para qué se molestaría nadie en gastar tiempo y recursos en demostrar algo que caería por su propio peso? Cuando el río suena agua lleva…

mas alla

Bueno vayamos al grano. Lo que de verdad quería contaros es mi primera experiencia paranormal, tan real como que respiro; al menos así la viví yo. Y no, no es ni sobre ovnis ni sobre vida después de la muerte… ¿O sí?

Tendría unos 13 años más o menos, y por aquel entonces estaba experimentando con los viajes astrales. No había Internet y sólo se podía acceder a este tipo de información a través de libros (pocos, muy pocos) y algún que otro programa de televisión.

Tuve la suerte, o mala suerte, no sabría cómo definirlo, de toparme con un profesor bastante extravagante interesado en estos temas, y un día que nos quedamos unas cuatro alumnas con él porque el resto se habían ido de excursión, salió el tema y nos explicó cómo hacerlo; o al menos intentarlo.

Así que esa misma noche, hice todo lo que me indicó y ¡OPS!… No pasó nada. Gran decepción. ¿Qué esperabais? No es tan fácil. Y así pasaron los días y los meses, y nada…Hasta que un día, después de haber desistido, llegó, y todo fue muy extraño, muy rápido, tuve mucho miedo… Creo que no estaba preparada.

De repente esa noche me “desperté” como sobresaltada, me vi en el pasillo de mi casa, pero yo “sabía” que estaba acostada en mi cama ¿Qué estaba pasando? Avancé por el pasillo y después de un fogonazo de luz me encontraba en la calle andando, era media tarde… ¿Cómo podía ser eso? Si era de noche… Fui andando, más bien levitando, hasta la valla del colegio, que estaba justo detrás de mi calle.

sueño lucido

Me vi sentada en el suelo, esperando a alguien; no sabía a quién… Pero alguien llegó. Una mujer joven vestida de verde (¡Sí verde! ¿Raro no?), pantalón ancho y camiseta, yo calculo que de los años 60 o 70, pelo rubio oscuro, ondulado y unos ojos… ¡Madre mía que ojos! ¡Me cautivaron! ¡No podía apartar mi mirada de ellos! Jamás había visto unos ojos así, jamás hasta que nació mi hija; pero ese es otro tema.

Bueno, pues aquella mujer me estuvo contando cosas, acontecimientos que iban a suceder en mi vida, buenos, y no tan buenos. Me los contaba para que estuviese preparada, porque quería contármelo, pero que no los recordaría hasta que no fueran sucediendo… es decir, yo no recordaría nada de aquella conversación (aunque mi cerebro sí esté preparado) hasta que no suceda cada cosa. Entonces, cuando sucede, lo recuerdo. Recuerdo el momento exacto en qué me lo contó, y cuando es algo malo… ¡Dios como la maldigo por no permitirme recordarlo antes y poder evitarlo!

Pero con los años he aprendido que no podría vivir con ello, no podría vivir sabiendo todo lo malo que va sucederme a mí y a las personas que me importan. Sería incapaz. Terminaría por quitarme la vida, porque de todos modos no puedo evitarlo, las cosas tienen que suceder así… ¿Por qué? Eso aún no lo sé, quizás, en mi lecho de muerte, lo llegue a comprender.

Recuerdo que cuando terminó me abrazó fuerte, me besó y me dijo tienes que irte y yo también… Y le dije ¿Dónde? ¿Por qué? ¿Quién eres?… Y de repente sentí como un fuerza que tiraba fuertemente de mi por detrás y desperté en mi cama, empapada en sudor, pero con una sensación de haber vivido algo único y extraordinario, y por primera vez en mi vida, no sentí miedo.

Y aquí termina mi relato. Fue una experiencia muy real y muy intensa que todavía hoy recuerdo como si fuera ayer. No sé quién era esa chica, pero lo que sí sé, es que nunca podré olvidar esos ojos…

1 Comentario

  1. Me encanta la historia. Yo dejé de creer en este tipo de historias, pues cuando no te queda más remedio que vivirlas…comienzas a saber.

Dejar respuesta