EXTRAÑAS DESAPARICIONES (TOP 5)
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5. El misterio del Fausto

El 20 de julio de 1968, el barco Fausto llegó al embarcadero de las Puntas para descargar plataneras destinadas a su siembra. Al día siguiente, sobre las dos de la madrugada, el velero volvió de nuevo al mar para llegar a su base en el Puerto de Tazacorte, donde deberían haber llegado siete horas después de haber partido.

A bordo viajaban Ramón Concepción Hernández, que era el patrón, Eliberto, quien era su hermano mayor, Miguel Acosta Hernández, y Julio García Pino que era el mecánico.

En vista de que el barco estaba retrasándose, los familiares y amigos se alertaron, así como el dueño del barco, Rafael Costa Arroyo. No tardaron en llamar a la Ayudantía Militar de Marina de Santa Cruz de La Palma.

Tras varios días de intensa búsqueda, el día 25 por fin se recibe un aviso de que otro barco llamado Duquesa los localizó a medianoche y dijo que se encontraban bien, que tras haberles provisionado de agua y otros enseres, les indicaron la dirección por donde debían volver y se marcharon. Además los tripulantes del Fausto les aseguraron que llegarían a su destino esa misma tarde.

Muchos vecinos se reunieron para recibirles, pero pasaban las horas y el Fausto no llegaba. Preocupados volvieron a mandar aviones y barcos de reconocimiento, sin embargo los días transcurrían sin noticia alguna del barco.

Tras diecisiete días desde que se inició la búsqueda, se dio por perdido y se detuvieron todas las investigaciones.

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El día 11 de octubre, la prensa tinerfeña publicó una noticia relacionada con la desaparición del Fausto. Al parecer, el día 9 un carguero italiano llamado Anna di Maio lo había encontrado a la deriva a 1200 millas de la Palma y con un cadáver en avanzado estado de descomposición.

El capitán del carguero decidió remolcar el Fausto hasta Puerto Cabello, su primera escala en el viaje que hacía desde el Mediterráneo hasta al Pacífico. Pero el día 14 se recibió un nuevo telegrama enviado por el capitán del Anna di Maio, en el que decían que habían vuelto a perder el Fausto debido a que se fue a pique su barco. Bruno, el capitán, contó que el Fausto parecía un barco fantasma navegando a la deriva. En el cuarto del motor se encontró un cadáver que no llevaba identificación alguna, pero debido a unas cartas que dejó a su esposa antes de morir; dedujo que era Julio García Pino. Los hermanos de Julio llegaron a Puerto Cabello con la intención de poder sepultar los restos.

Este caso en la actualidad sigue siendo una incógnita ya que nunca más se supo del barco ni de sus tripulantes.

4. El triángulo de Bennington

En la zona de Vermont, Nueva Inglaterra, Estados Unidos, podemos encontrar una zona boscosa cerca del monte Glastonbury el llamado “Triángulo de Bennington”. A la vez que es preciosa y una fuerza de la naturaleza, es enigmática puesto que en esa zona diversas personas han desaparecido sin dejar rastro, y ni una sola pista para que los cuerpos de seguridad pudieran averiguar qué ocurrió o cuál era su paradero. Las desapariciones de estas personas se dieron en un corto período de cinco años, entre el año 1945 y el 1950, y sólo entre los meses comprendidos entre octubre, noviembre y diciembre. Además, sin hacer distinción entre edades y sexos.

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El primero en desaparecer en el año 1945 fue un hombre llamado Henry MacDovell, que escapó de un manicomio donde estaba recluido por ser el sospechoso del asesinato de otro hombre que había desaparecido en ese mismo lugar. Aunque a decir verdad no parece extraño que alguien como él se liberase de sus ataduras y se perdiese en la inmensidad del bosque, él es considerado la primera víctima del “Triángulo de las Bennington” y nunca más se supo de él.

El 12 de noviembre de ese mismo año, el señor Middle Rivers trabajaba como guía de montaña y se esfumó misteriosamente ante los ojos del grupo de turistas que lo seguían de vuelta al campamento. Rivers caminaba delante de ellos por una zona que ya había recorrido anteriormente cientos de veces, próxima a la carretera de Long Trail y sencillamente, de un momento a otro se desvaneció. A pesar de las batidas que realizó la policía y los voluntarios durante días para tener alguna pista de él, nunca más se supo nada ni se encontró ningún rastro.

El día 1 de diciembre de 1946, Paula Welden, una estudiante de dieciocho años se adentró en la espesura del bosque para hacer senderismo, y esto es lo último que se supo de la joven, ya que del mismo modo que ocurrió anteriormente, la policía nunca pudo dar con ella.

Además ese mismo día se produjo la desaparición más enigmática ocurrida en el lugar. James E. Tetford viajaba en autobús junto a más pasajeros muy cerca del Triángulo de Bennington, hubo testigos que confirman su presencia allí. Sin embargo, cuando el vehículo llegó a su última parada, el señor Tetford ya no estaba. Allá quedaron sus pertenencias en su asiento, pero ni rastro de él.

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El 12 de octubre del 1947, un niño llamado Paul Jepson desapareció de la vista de su madre mientras ésta hacía tareas propias del hogar. La policía empleó todos los medios que tenía a su alcance para dar con él, y llevaron consigo a perros para rastrear la zona. Los perros siguieron la pista de Paul hasta llegar a una autopista, donde allí perdieron el rastro del niño. Esto hizo pensar a los agentes que podía tratarse de un secuestro y que el pequeño fue raptado por algún vehículo que circulaba por esa carretera.

La última desaparición de la que se tiene constancia en el Triángulo de Bennington es la de una mujer llamada Frieda Langer. El 28 de octubre del año 1950, Frieda estaba de excursión con su primo y en algún momento mientras caminaba, ella tropezó y cayó en un charco. La mujer decidió volver al campamento para cambiar su vestimenta por otra seca y su primo se quedó en el lugar, esperando a que ella regresase. Pero Frieda nunca más volvió. Para encontrarla iniciaron un operativo de búsqueda por aire y tierra sin resultados aparentes. Siete meses más tarde encontraron el cuerpo de Frieda en un descampado que, curiosamente ya había sido rastreado meses antes por los efectivos policiales, militares, bomberos y voluntarios que participaron en peinar la zona para dar con algún rastro de ella. Debido a las condiciones en que se encontraba el cadáver y el tiempo que transcurrió hasta que la encontraron, los forenses no consiguieron determinar las causas de la muerte.

Una de las primeras teorías para intentar explicar estas desapariciones, fue la de que cupiese la posibilidad de que un asesino en serie rondase por esa zona durante ese periodo de tiempo. Pero la diferencia de edad y sexo entre las víctimas, además de la ausencia de evidencias desmontan esta hipótesis.

La otra teoría que se barajó es que las desapariciones podían deberse a simples accidentes de montaña. Las estaciones en las que se produjeron todas ellas fueron entre otoño e invierno y era posible que el suelo del bosque estuviese cubierto de hojas, ocultando así pozos o agujeros donde podrían haber caído accidentalmente las víctimas. Aun así, esto no podría explicar las muertes de James E. Tetford y Frieda Langer. Además en las búsquedas que se organizaron tampoco se encontró pozo alguno que pudiese explicarlo.

3. La desaparición de Amelia Earhart

Amelia nació el 24 de julio de 1897 en Kansas, y a la edad de 10 años vio por primera vez un avión. En el año 1920 visitó una exhibición aérea y desde entonces, supo que su sueño era poder pilotar uno y volar.

En 1921 comenzó a tomar clases de vuelo y antes de finalizar el curso ya había podido comprar un avión para ella. Con su nuevo avión consiguió el récord de ser la primera mujer en subir hasta los 14000 pies de altitud. En el año 1928 le propusieron cruzar el Atlántico como parte de un proyecto,  ella aceptó emocionada, y lo hizo realidad.

En 1931 le ofrecieron hacer de nuevo tal hazaña pero esta vez en solitario. Fue el 11 de enero de 1935 cuando logró cruzar ella sola el océano Pacífico, volando desde Honolulu hasta Oakland. Más tarde voló desde México hasta Newark, en Nueva Jersey. Amelia por aquel entonces ya despertaba una gran admiración.

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En 1937 ella se propuso llegar todavía más lejos. Soñaba con ser la primera mujer que diese la vuelta al mundo en su avión - difunde       . El 1 de junio, junto a su asistente en vuelo Fred Noonan, salió desde Miami. El 29 de junio ya habían llegado a Lae, Nueva Guinea, y el próximo aterrizaje sería en la pequeña isla Howland, situada al sureste de Honolulú. Ellos debían seguir el camino correcto y no perderse para poder llegar a esta isla y repostar.  Amelia mantenía constante contacto con los guardacostas, y varios buques de los Estados Unidos se habían situado en alta mar para mostrarle la ruta hacia su destino, pero las condiciones meteorológicas no eran favorables.

A pesar de ello, el día 2 de julio despegaron hacia la isla. Al principio sí que pudieron comunicarse con el guardacostas americano pero después algo falla y se interrumpe la conexión. El último mensaje que se escucha de ella es que el combustible se está agotando, que no encuentran el camino a seguir y que van volando a tan sólo 1000 pies de altitud. Después se produjo el desgarrador silencio.

Una gran operación de rescate se puso en marcha de inmediato, pero no obtuvieron resultados. Amelia, Fred y el avión desaparecieron de la faz de la tierra. El 19 de julio se canceló definitivamente la búsqueda.

Un año después se construyó en la isla Howland un faro dedicado a Amelia Earhart. Todavía a día de hoy son muchos los aventureros que recorren mar y tierra que continúan buscando alguna pista que les ayude a encontrar restos del avión y a entender lo que pasó.

2. El niño de Somosierra

Juan Pedro Martínez Gómez con tan sólo diez años fue el protagonista de la desaparición más extraña de Europa, según la Interpol.

Un miércoles 25 de junio del 1986 alrededor de las siete de la tarde, sus padres Andrés, Carmen viajaban junto a él en un camión cisterna. Andrés había vuelto a su oficio de camionero tras haberse dado cuenta que la granja que había montado no le reportaba suficientes beneficios. El pequeño había sacado buenas notas y para premiarlo, sus padres le llevaban de viaje desde su Cartagena natal hasta el País Vasco; era un largo y duro trayecto, pero a Juan Pedro le bastaba con saber que disfrutaría de unas buenas vacaciones al norte del país.

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Andrés conducía un Volvo F-12 y transportaba una carga de 25.000 litros de óleum, ácido sulfúrico casi puro, o también llamado “fumante”; el cuál es un agente potencialmente corrosivo.

La familia hizo diversas paradas: a las nueve de la noche para cenar cerca de Cieza, a las doce y doce minutos pararon a repostar en una gasolinera de Cuenca, a las tres de la madrugada volvieron a parar en otra gasolinera en la entrada de Madrid, donde estuvieron una hora y trece minutos descansando. Reanudaron el viaje a las cuatro de la mañana, y tras parar un par de minutos antes de las cinco, cerca de San Agustín de Guadalix realizaron la última parada para desayunar sobre las cinco y veinte en el Bar Aragón, siendo ésta la última vez que se les vio con vida.

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Gracias al tacómetro del camión podemos saber que hicieron más detenciones que siempre resultaron sospechosas para los investigadores, ya que eran numerosas y de corta duración. En el ascenso al puerto de Somosierra habían parado hasta doce veces en cuestión de veintitrés minutos de trayecto. Algo anómalo siendo además en una zona de subida, donde emplearon una hora y veinticuatro minutos en recorrer una distancia que no llegaba a los 50 kilómetros entre el Bar Aragón y el lugar del siniestro. Una de las explicaciones más plausibles a éstas paradas tan consecutivas sería que hubiese habido otro vehículo circulando delante, obligando al camión a detenerse una vez tras otra.

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Una hora después desde que salieron del Bar Aragón ya habían superado el Puerto de Somosierra e iniciaban el descenso lentamente. Sin embargo, de manera abrupta aceleraron al máximo hasta alcanzar los 140 kilómetros por hora - difunde       ; circulaban tan rápido que pareciera que no les funcionasen los frenos, pero de haber sido así la cabeza tractora se habría bloqueado, el remolque se habría cruzado y en consecuencia el camión habría volcado en ese mismo momento. Además como nota añadida, Andrés había sometido al tráiler a una revisión completa en el taller antes de iniciar el trayecto, por lo que la avería era poco factible.

Finalmente, el vehículo se empotra a la altura del kilómetro 94 de la N-1 sobre las siete menos veinte de la mañana, tras chocar con otros camiones y volcar, dejando huellas de frenada.

Cuando la Guardia Civil llega al lugar, encuentra entre los amasijos de hierros los cuerpos de Andrés Martínez y Carmen Gómez, ya deteriorados por el vertido del ácido sulfúrico. Los agentes desconocían que Juan Pedro viajaba con ellos, sólo lo supieron cuando la abuela de éste les preguntó con lágrimas en sus ojos si al menos su nieto estaba bien. Los guardias comprendieron entonces por qué en el interior de la cabina había cassetes y ropa infantiles.

Comenzó el rastreo en búsqueda del niño, donde participaron diversos efectivos policiales, perros adiestrados y todos los medios posibles. Un experto del Departamento de Química del CSIC sugirió la posibilidad de que Juan Pedro se hubiera disuelto en el ácido - difunde       . Sin embargo esta hipótesis fue descartada dado que el efecto del óleum hubiese dejado al menos los restos óseos del pequeño.

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Lo que quedó del vehículo se desmontó pieza a pieza y se trasladó a un depósito de Cartagena. Un año después se descubrieron restos de heroína en un hueco del camión.

La familia denunció entonces que Andrés llevaba recibiendo amenazas durante semanas de unas supuestas mafias que le exigían que trabajase para ellos como transportista de drogas, y que el hecho de que el niño acompañase a sus padres podría haber sido un intento de protegerlo más que de un premio por haber sacado buenas notas en el colegio.

Coincidía esta hipótesis con que la cisterna no fuese propiedad de ellos, pero aun así todo sólo eran indicios, y no pruebas.

Algunos testigos aseguraron haber visto en el momento del accidente a un hombre y una mujer salir de una furgoneta, en la que les esperó otra mujer de avanzada edad; y que podrían haberse llevado a Juan Pedro.

La familia llegó a contratar a un detective privado porque estaban convencidos de que el niño había sido secuestrado. Sin embargo, mantenían que había sido secuestrado antes, tras la parada que hicieron en el Bar Aragón y antes del momento del accidente, en una de las doce extrañas paradas tomadas por el tacómetro.

“…la desaparición más extraña de Europa, según la Interpol.” - difunde       

Durante la investigación, los guardias también contaron con el testimonio del dueño de una autoescuela del centro de Madrid, que en 1987 aseguró que una anciana  invidente de origen iraní entró en su negocio preguntando por la embajada de los Estados Unidos. La acompañaba un niño de diez u once años que hablaba con acento parecido al andaluz y parecía desorientado.

El señor juró que el niño era Juan Pedro y que la anciana ciega podría ser la señora mayor que esperaba en la furgoneta, a la que hicieron referencia los otros testigos en el lugar del accidente. Pero nada se supo de esta pista, ni de ninguna otra hasta la fecha.

1. Percy Fawcett y la ciudad perdida

Percy Fawcett fue un coronel teniente, arqueólogo y explorador británico. Él fue escogido para cartografiar partes inexploradas de Sudamérica, en la zona de Bolivia y Brasil. En aquella época gran parte de Sudamérica era desconocida y no había mapas fiables que poder seguir. A pesar de los grandes peligros del proyecto, como animales peligrosos, enfermedades y nativos hostiles, para Percy fue un sueño realizar este cometido.

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En 1906 emprendió su primera expedición al Amazonas. Además de trazar la geografía de Sudamérica también hizo descubrimientos geológicos y zoológicos. Durante sus aventuras él catalogó enigmáticas criaturas no conocidas entonces para la ciencia, como la araña gigante venenosa, que Percy llamó “araña Apazauca”, el perro de dos narices, o incluso un ser del tamaño de un perro con rasgos tanto felinos como caninos en Bolivia. Esta criatura fue nombrada “Miltla”, aunque sólo se conoce su existencia por las historias de Fawcett.

Fue durante los últimos años de sus diversas expediciones que Fawcett comenzó a obsesionarse con la idea de civilizaciones perdidas en el Amazonas. En 1920, encontró unos documentos del siglo XVIII en la Biblioteca Nacional de Río de Janeiro que pertenecieron a un explorador portugués; donde éste afirmaba haber encontrado una ciudad amurallada muy similar a las de la antigua Grecia - difunde       , rodeada por altas montañas en lo más profundo de la selva brasileña. Estos documentos cautivaron a Fawcett, que llegó al convencimiento de la existencia de la ciudad perdida, a la que él denominó “ciudad Z”.

El británico recopiló información y llegó a tener la corazonada de que la ciudad Z tenía cierta relación con el continente perdido de la Atlántida, donde algunos supervivientes habrían llegado a Sudamérica y habían construido una nueva civilización en las selvas de Brasil. Su teoría fue reforzada cuando recibió una reliquia de la selva en forma de una figura de basalto de color negro, de aproximadamente 20 centímetros. Fawcett solicitó la ayuda de un psicometrista, y éste dijo que el ídolo de basalto era de la Atlántida. Esto fue más que suficiente para convencer a Fawcett de su teoría, y no tardó en emprender una expedición en busca de la ciudad Z.

…la ciudad Z tenía cierta relación con el continente perdido de la Atlántida - difunde       

Hubo varios intentos fallidos, ya que sus hombres se vieron desmoralizados por los obstáculos que presentaba dicha expedición debido a las enfermedades de la selva, los peligrosos animales salvajes y todo lo que conllevaba. Pero finalmente en abril del año 1925 decidió encontrarla junto a su hijo mayor Jack y su buen amigo Raleigh Rimell. Les acompañaban un equipo de dos trabajadores brasileños, ocho mulas, dos perros y un par de caballos. Su expedición fue bien financiada por diferentes sociedades científicas y periódicos. El recorrido estaba perfectamente trazado y planeado, y nada podía salir mal. Percy dio instrucciones declarando que si él y los demás no volviesen, ninguna expedición de rescate debería ser enviada, o de lo contrario, los rescatistas sufrirían su mismo destino.

El día 29 de mayo de 1925, Fawcett y sus compañeros llegaron a selvas donde nunca antes nadie se había adentrado - difunde       . El último mensaje fue una carta que escribió para su mujer en el Dead Horse Camp, donde le contaba que estaba a punto de entrar en territorio inexplorado. Le informó que estaban cruzando el Alto Xingú, un afluente del Río Amazonas. Desde entonces, nunca más se supo nada de ellos.

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La expedición había declarado que estarían fuera durante un año, por lo que cuando trascurrieron dos años sin noticias de ellos, todos comenzaron a preocuparse. En un principio se sugirió la idea de que Fawcett y su equipo habrían sido asesinados por las tribus nativas o animales salvajes, o tal vez habrían muerto por alguna enfermedad; pero a decir verdad nadie sabía qué podía haber pasado.

En 1927 fue hallada una placa de identificación perteneciente a Fawcett, que tenía en su poder una tribu indígena. Sin embargo, más tarde se demostró que fue un regalo del explorador hacia ellos cinco años antes.

El hijo menor de Fawcett, Brian, realizó dos viajes a la región con el propósito de encontrar respuestas. Brian encontró a un viajero francés que le transmitió información. El viajero declaró que en la selva de Minas Gerais, un estado de Brasil cerca del Mato Grosso, encontró a un anciano que dijo ser Fawcett. El francés nunca había oído hablar del explorador y no fue hasta que habló con Brian que supo de su historia.

A partir de ese momento surgieron diversas teorías, desde que había sido capturado por nativos hasta que había sufrido amnesia y continuase vivo como el jefe amazónico de alguna tribu.

En las siguientes décadas hubo un total de trece expediciones de rescate y más de 100 personas perdieron sus vidas.

Otros sugieren que Fawcett encontró su amada ciudad Z en una abertura subterránea, y quedando tan cautivado de ella se quedó allí a pasar el resto de su vida. Esta teoría fue reforzada por misteriosas cartas recibidas en los últimos años. Una carta fue recibida por el hijo menor, Brian, en el año 1952. La carta estaba escrita supuestamente por un colono alemán que vivía en Brasil, y en ella decía que su padre y su hermano fueron almas adoradas por los indios y estaban viviendo en las ciudades subterráneas.

En el año 1956, el doctor Henrique de Souza, presidente de la Sociedad Brasileira de Teosófica recibió otra carta. En ella se decía que Fawcett seguía vivo y estaba viviendo bajo tierra en “una ciudad subterránea en la Serra do Roncador, en Mato Grosso” - difunde       

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Pero, ¿qué pasó realmente con la expedición de Fawcett? Es un misterio que tal vez nunca sepamos con certeza.

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