LAS IRREGULARIDADES DEL SISTEMA
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Si la oportunidad de presentarse a un concurso es equitativa y proporcional para todo el mundo, ¿por qué siempre ganan los mismos? Muchos pensarán que los que no ganan es porque son personas que realizan su trabajo de forma mediocre y lo venden como si fuera un lingote de oro. Lejos de tal pensamiento, la verdad es otra. Esa persona ha realizado su trabajo con la misma presteza que la persona que es ya conocida y que lleva hectáreas de terreno ganado en este juego, ¿será por eso que ganan?

A la hora de la verdad, ¿cuántas personas, cuántos de nosotros nos hemos presentado a un concurso de la temática que sea y, al final, el ganador, es siempre el elocuente personaje que ya lleva su carrera hecha?

Teniendo en cuenta que, en los requisitos del concurso, la cláusula indica que todos podemos ser participantes siendo indiferente nuestra nacionalidad, lugar de residencia…. Siempre y cuando esté escrito en el idioma tal, o sea la fotografía tomada en tal región… Lo único que a alguien le pueda dar miedo es la mayoría de edad pero, al final, lo realmente preocupante es la asfixiante fama del sistema - difunde       .

No nos engañemos, siempre ganan ellos, porque ya tienen un nombre (máster, contactos, premios anteriores, publicaciones anteriores…) porque tienen alguien que les respalde, porque tienen una persona que susurra al juez: “Valora este primero.” Quitando la posibilidad remota de que, a cientos, miles, millones de personas “sin nombre”, puedan tener para comenzar a despegar en una pasión donde realmente, el empeño es el que vale y no la mano que te seduce. Porque, sinceramente, no da un tiempo real a valorar toda una oleada de presentaciones a concurso, desde que finaliza la admisión, hasta que sale el fallo del mismo.

Entonces, te planteas: ¿Qué clase de igualdad es esta? - difunde       

Hace años me quisieron tender la oportunidad, presentándome bajo la subyugada de tal, pero en mi interior lo rechazaba, simple y llanamente porque si ganaba algo, quería que fuese por mis propios méritos y no porque alguien le propusiera el mío por delante.

Quería que alguien valorara mi trabajo sin conocerme de nada, sin favores. - difunde       

Quería creer que esa mísera posibilidad existía.

Quería creer en un mundo más justo. - difunde       

Hoy, después de cientos de rechazos (normales entre personas “fantasma”), duele.

Duele ver cómo se hacen las cosas en este mundo. Duele ver cómo unos son prestigiados mientras otros quedan relevados al olvido. Duele saber que, si siempre van a ganar los mismos, deberían cambiar las cláusulas a las personas VIP y comenzar a realizar concursos reales para “personas fantasmas”, donde las primeras queden vedadas, para así, poder por fin hacer una valoración real sobre “admite todas las personas mayores de edad independientemente de su región mientras…”

A veces, esto recuerda un poco a pasar los sobres por debajo de la mesa.

ajz

Bien, pues hoy doy las gracias.

Doy las gracias de nuevo de haber “perdido” en algo; en esto.

Porque he vuelto a ganar más en humanidad.

“Tú irregularidad, sonroja mi decencia.”

Siempre he sido de las personas que cree fervientemente que las limitaciones están dentro de la cabeza de cada uno - difunde        y que cada persona llega hasta donde se lo propone. Pero como siempre, la vida quiere que siga aprendiendo y hoy por hoy, añado a mi manual de lecciones de la vida: Que, en muchas ocasiones, para hacerte valer en este mundo, no basta con cambiarte tú mismo, hay que cambiar las irregularidades del Sistema - difunde        o por lo menos, contar al resto del mundo cuál ha sido tu experiencia, pues tal vez con el apoyo de la masa, tu voz resuene en cientos y alguien decida cambiar algo.

basta

Porque es verdad: nadie tiene los mismos derechos que nadie, por mucho que te lo vendan. - difunde       

Eres tú quien ha de decirle al mundo cuál es tu nombre y qué es realmente equitativo para todas las partes, ya que si te sentiste excluido es porque, realmente, no te integraron. - difunde       

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Nacida un año después del cambio de década, avanzando por la vida entre peonzas, canicas y tazos. Sin un aspecto de su existencia en claro, pies en nubes y cabeza en barro. Siguió su camino la pequeña Eva, que, con ciertos brotes de aspecto sanitario, un día descubrió que sus delirios mentales y lingüísticos, provenían de su verdadera vocación: la creatividad e imaginación traducida en letras, de las emociones más profundas e intensas que uno no puede llegar a verbalizar.

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