El castillo Poenari, el auténtico castillo del conde Drácula
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Quizás sabías que el castillo de Bran no fue el aposento real de Vlad Tepes, el considerado conde Drácula, y que tan solo sirvió de inspiración a Bram Stoker para elaborar su novela más conocida. Pero, ¿sabes donde nació y vivió Vlad Tepes el Empalador gran parte de su vida? ¡Nos hemos ido al corazón de Rumanía para mostrártelo!

Estamos en fechas veraniegas y desde Archivos del misterio queremos proponeros un destino turístico muy especial. Rumanía es, sin lugar a dudas, uno de los países europeos más desconocidos por casi todos los ciudadanos de la Unión. No obstante, es un país lleno de misterios y leyendas que vale la pena descubrir.

En la zona central de Rumanía hallamos preciosos montes y enigmáticos bosques. Estamos hablando de Transilvania, cuna de la leyenda del conde Drácula. Todos (o casi todos) conocéis su historia, pero nosotros quisimos ir más allá y viajar allí para empaparnos del ambiente y la cultura del lugar.

De sobra es conocido que el conde Drácula jamás existió y que tan solo es el personaje de la famosa novela del irlandés Bram Stoker. Este, para sus localizaciones y personaje, se inspiró en Rumanía y en uno de sus héroes nacionales. Stoker usó el castillo de Bran como morada de su conde y eligió la figura del príncipe Vlad III para encarnar a Drácula.

conde dracula rumania
Castillo de Bran, el castillo del conde Drácula

Pero ¿quien fue realmente Vlad III y porqué su figura está rodeada de tantos misterios? Para saber eso debemos remontarnos a sus orígenes. Intentaremos explicarlo lo más claro y breve posible.

Vlad III nació bajo el nombre de Vlad Draculea. Ahí empiezan las primeras inspiraciones para Stoker y su Drácula. Su padre eligió ese nombre porqué tanto él (Vlad II) como su hijo (Vlad III) pertenecían a la Orden del Dragón (Dracul). Vlad III nació en una pequeña y hermosa ciudad transilvana llamada Sighisoara y allí es donde pasaría buena parte de su infancia. Para abreviar, finalmente Vlad III fue el príncipe de Valaquia (la zona centro-sur de la actual Rumanía) y luchó para defender el país de las invasión turca. Fue entonces cuando se convirtió en un héroe nacional rumano que perdura a día de hoy y cuando se ganó el apodo de Tepes (en español, Empalador) por sus extremos y violentos métodos de tortura a los enemigos capturados.

Ignoramos, pese a estar sobre el terreno, porqué Stoker relacionó la figura de Vlad Tepes con el vampiro, aunque algunos llegan a afirmar que el príncipe se bebía la sangre de sus enemigos una vez interrogados, torturados y ejecutados, aunque este es un dato que no pudimos confirmar ni verificar.

Sabiendo de quién estamos hablando, podemos pasar a contaros como fue y es el verdadero castillo (o fortaleza, más bien) de Vlad El Empalador.

Aunque el pueblo de Bran goza de un bonito, laberíntico y majestuoso castillo lo cierto es que se tiene la sospecha de que Vlad Tepes jamás piso dicho castillo o que al menos pasó en él un breve periodo de tiempo. El castillo de Bran es enorme y fastuoso, con decenas de habitaciones en su interior y un laberinto de pasillos por los que es muy fácil perderse. El castillo es un gran atractivo turístico (en la novela es el castillo del conde Drácula) y podemos afirmar que el pueblo de Bran vive principalmente de la explotación turística de dicho castillo, con tenderetes y vendedores aquí y allá esperando a los turistas con los brazos abiertos.

Pese a qué Bran no fue el verdadero castillo de Vlad Tepes sí que en su interior podemos encontrar armas, vestimenta y objetos de tortura usados por el príncipe allá por el siglo XV.

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Vestido oficial de Vlad III, el Empalador.

Si queremos visitar el auténtico castillo de Vlad Tepes debemos irnos a unos setenta kilómetros al sur del castillo de Bran para llegar a la fortaleza Poenari. Esta región, a diferencia del municipio de Bran, es mucho más recóndita, desconocida y modesta.

Castillo de Poenari

Nada más llegar desde la carretera principal, llamada Transfagarasan y que se dirige a la preciosa y aislada región montañosa Fagaras (muy recomendable), nos encontramos con una pequeña tienda de alimentación al pie de una montaña. Allí podremos comprar alguna bebida porqué el ascenso por la montaña para llegar a Poenari no será nada corto. De hecho, si nos fijamos bien, en la cima de dicha montaña ya podremos divisar a lo lejos las ruinas de la fortaleza.

Para llegar a la fortaleza deberemos ascender la montaña, atravesando un impresionante y magnifico bosque de hayas. Pero este ascenso tiene una peculiaridad, y es que desde el inicio hasta el final deberemos subir un total de 1480 escaleras; esto son, aproximadamente, unos treinta minutos subiendo escaleras a paso ligero. Al empezar a subir encontraremos una pequeña tienda de souvenirs en la que su dependienta nos deseará suerte en la subida. A partir de aquí no encontraremos nada más que bosque y más bosque, y algún que otro perro salvaje (algo muy común en todos los pueblos y ciudades de Rumanía).

Mientras ascendemos y atravesamos el bosque recordamos lo que nos explicaron en Sighisoara: Vlad Tepes empalaba en ese bosque a sus enemigos capturados y los dejaba allí como advertencia a quienes osaran ascender a su fortaleza con intenciones poco amigables. Es por eso que a ese bosque con las escaleras de ascenso al castillo se lo conoce como El Bosque de los Empalados. Nosotros fuimos allí al atardecer y los cierto es que en ese bosque se tiene una extraña sensación de “agobio”. Por supuesto las hayas y las escaleras contribuyen a ello, pero durante todo el silencioso ascenso tuvimos presente que allí murieron cientos de personas (hay quien dice que miles).

Tras treinta minutos de subida llegamos a la entrada de la fortaleza. Por suerte llegamos veinte minutos antes de que su encargado cerrara sus puertas hasta el día siguiente. No tuvimos mucho tiempo para recorrer el interior de las ruinas del castillo de Poenari, pero si el suficiente como para sacar algunas fotografías y empaparnos un poco del peculiar ambiente que se respira en la cima de esa sangrienta montaña. Sin duda, en su momento, debió de tratarse de una fortaleza prácticamente inexpugnable con lo que no es extraño que Vlad III, héroe nacional en Rumanía, lo eligiera como residencial habitual.

Nos habría gustado realizar nuestras pruebas habituales con las grabadoras, sensores y demás herramientas pero la prisa del encargado por cerrar y la falta de linternas nos echaron para atrás y decidimos volver al coche y proseguir nuestro camino dirección a las montañas de Fagaras. Por tanto, en esta ocasión no captamos nada extraño ni vimos ninguna anomalía pero sí pudimos sentir y escuchar las sensaciones y ruidos del corazón de la región de Transilvania.

ahorcamientos

Desde Archivos del misterio os animamos a visitar Rumanía, un magnifico (y económico) país de la Europa del este que encierra leyendas y misterios a partes iguales dentro de sus fronteras. Especialmente recomendables son para los amantes del misterio y lo desconocido las regiones de Transilvania, Los Cárpatos y Maramures. ¡Os invitamos a vivirlas por vosotros mismos!

 

Nota: todas las fotografías de este artículo han sido realizadas por Archivos del Misterio, exclusivo propietario de las mismas. *Pedimos disculpas por la calidad; han sido realizadas todas únicamente con la cámara de un Iphone 4S.

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