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ADICCIONDurante este siglo y parte del anterior, hemos asistido al nacimiento y desarrollo de una serie de avances tecnológicos sin precedentes, como internet y la telefonía móvil.

Ambos están al alcance de todo el mundo, así como todo lo que ofrecen: correo electrónico, acceso a noticias e información actualizada, la posibilidad de realizar operaciones bancarias, hacer la compra o estudiar en la universidad sin movernos de casa, simplemente utilizando nuestro PC o teléfono móvil.

En cuanto a ocio, disponemos de un amplio abanico de aplicaciones, como Whassapp, con la que podemos estar en contacto con familiares y amigos desde cualquier lugar, leer un libro, disponer de un mapa para llegar a un lugar que no conocemos, y miles de juegos con los que distraernos. Y otro tanto ocurre con nuestros PC’s y video-consolas.

Parece que con toda esta amalgama de facilidades, estamos más que al día y debería ser una ayuda a nuestra vida cotidiana. Sin embargo, sólo lo parece. En realidad es una de las razones de que muchas personas hayan perdido interés en diversos campos.

Otra de las razones por las que estamos encaminados a la involución es la educación.

Durante estos últimos años, la educación ha quedado obsoleta, tanto en escuelas, institutos como universidades.

Seguramente quienes rigen este campo, no quieren ver que se está intentando educar a una generación del siglo XXI con un rígido sistema educativo de hace varios siglos, que no se adapta en absoluto al alumno actual.

Desde la educación infantil a la universidad, al alumno se le imponen unas normas y actividades que le impiden experimentar, tener tiempo de ocio de calidad, crearse un criterio propio, un pensamiento crítico, el desarrollo de su creatividad, su curiosidad innata y más importante aún: el que se plantee el porqué de muchos asuntos.

No hay lugar a esto último. Lo que está aprendiendo es así, y no hay discusión.

aburrimiento-en-la-escuelaEl estudiante se ve obligado a aceptar una educación estandarizada, donde se valora más que memorice, no presente problemas, tenga al día los deberes, apruebe todos los exámenes, y lea los libros que se les impone.

Es bastante lógico normal que se dé el fracaso escolar o el alumno decida abandonar los estudios por agotamiento y por el peso que supone esa espada de Damocles llamada suspenso.

Los que deciden continuar, en buena parte de los casos, no han aprendido a pensar, sólo a aprobar. Forman parte de un ejército que sólo sabe obedecer a todo lo que les antepongan. Porque en eso consiste esta estandarización: que todos piensen igual, como resultado de una educación que no permite que nadie se plantee algo diferente. - difunde       

Conclusión: La educación en todas sus fases no se adapta al niño o joven, ni a la época en que vivimos.

Si a estos factores añadimos los recortes en educación que los sistemas gubernamentales llevan a cabo, donde la tendencia es claramente que los estudios superiores sean sólo accesibles a la gente de mayor poder adquisitivo, los alumnos de clase media-baja abandonan los estudios ó bien optan por estudiar formación profesional, porque no tienen acceso a becas, o no pueden asumir el disparatado coste de las matrículas ni el rendimiento excesivo que se les pide en cuanto a notas.

Los responsables de este sector concreto, no tienen en cuenta muchos aspectos, por ejemplo, el que un universitario compagine sus estudios con un trabajo, porque ha de pagarse los estudios, lo que le requiere un esfuerzo extra, al contrario que a otro compañero que sólo estudie y disfruta de una mejor posición social.

empleo%20juvenilTerminar los estudios universitarios, tampoco significa trabajo garantizado. No importa en qué punto abandonó el estudiante sus estudios. En un altísimo porcentaje, se encuentra con que, debido a la crisis imperante, el trabajo es muy escaso y mal pagado y no podrá desempeñar la carrera para la que se ha esforzado.

Ante esto, la preparación para muchos jóvenes pierde importancia o no valoran la educación. ¿Para qué estudiar, si luego tendré que trabajar en lo que sea? - difunde       

Aquí es donde asistimos a esa vuelta al oscurantismo.

Otro dato es que existe un gran número de jóvenes y adultos que no leen. Según datos del CIS, un 35% de españoles no lee nunca o casi nada, y del 65% que queda, la mitad aproximadamente lee libros “alguna vez”, en contraposición con el porcentaje restante que se declaran verdaderos aficionados a lectura.

Ambos suman una media de 8,6 libros leídos al año. Lo que viene a decir que 1 de cada 3 españoles, no lee nunca. Unos datos nada alentadores.

Es natural que ese porcentaje que no tiene interés en la educación, la lectura o todo aquello que suene a cultura, se vuelque sobre las tecnologías que es lo único que tienen a su alcance.

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Una estampa habitual es ver a gente de todas las edades, ya sea solos o en compañía, con móvil en ristre, y sin cruzar palabra. ¡Hay tanto que ver y que “whassappear”!

Seríamos unos timoratos si pensáramos que esto no afecta en las relaciones interpersonales y familiares. Se han perdido valores importantes, como pasar tiempo con la familia de calidad, o mantener una conversación sin móviles de por medio. Adquirir, compartir y contrastar conocimientos con los nuestros y con ajenos.

Poco a poco, esta conspiración solapada, se ha adueñado de las últimas generaciones.

Si hace un par de décadas alguien nos hubiera dicho que nuestra sociedad se parecería a la que describe A. Huxley en “Un mundo feliz” o Brad Bradbury en “Fahrenheit 451” lo hubiéramos tildado de loco.

Pero no nos engañemos, tenemos en nuestras manos mucha tecnología, aunque pagando un alto precio: nuestra involución como personas. En vez de subir un escalón más, gracias al sistema que nos envuelve, muchos han retrocedido, convertidos casi en autómatas, sin interés por el conocimiento, demasiado adictos a las tecnologías como para recuperar nuestra creatividad y criterio propio.

Incluso desde niños, estamos demasiado ocupados en enviarnos fotos, mensajes, o pasar horas delante del móvil o la consola jugando. Y esto es sólo el principio del fin.

¿Hasta cuándo lo permitiremos? - difunde       

De nosotros depende.

 

Olga Gómez Ruiz.

© Todos los derechos reservados

Fuentes de información: Diarios El Mundo, ABC, La Razón y El País.

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