La torre del conde de Fígols, ¿una brecha al “más allá”?
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Muchas veces, y seguro que a vosotros también os pasa, ignoramos aquello que más cerca tenemos y nos vamos a buscar rincones con encanto fuera de nuestras fronteras. Lo cierto es que habitualmente estamos rodeados de magníficos enclaves, pero al fijar nuestro punto de mira lejos nos los perdemos. La torre del conde de Fígols, y su colonia minera adjunta, es de esos lugares que solemos ignorar.

Cuando vamos en busca de lugares misteriosos hay que informarse antes sobre la ubicación de dichos emplazamientos. Habitualmente se trata de sitios abandonados, de difícil acceso y, en ocasiones, ocultos. Tenemos que saber muy bien qué buscamos y por donde buscarlo. Afortunadamente (o por desgracia) la tecnología GPS (Sistema de Posicionamiento Global) nos ha facilitado mucho la tarea de averiguar como acceder a la mayoría de estos lugares.

Bien. La torre del conde de Fígols no es uno de estos emplazamientos ocultos, difíciles de encontrar. Y con esto volvemos a la introducción de nuestro artículo; muchas veces no vemos lo que tenemos a nuestro alrededor porqué fijamos nuestra atención mucho más allá. La torre del conde de Fígols se encuentra junto a una de las carreteras más importantes de nuestro país, pero claro, hay que fijarse en ella.

casa encantada
Abajo, al fondo, una de las carreteras más transitadas de nuestro país.

El complejo no solo engloba la torre (casi castillo) sino que esta está rodeada por una iglesia en ruinas y una gran colonia minera abandonada con su escuela, oficinas, dispensario médico… pero todo esto lo veremos en un próximo articulo. Hoy queremos hablaros únicamente de la torre que, por lo que hemos obtenido en ella, bien merece un artículo aparte.

Por toda la red hay cantidad de información sobre la torre, sus constructores y su propietario. Actualmente está en venta (enlace en catalán) y su actual propietario pide unos 750.000 euros, negociables, por ella. Como pasa en la mayoría de estos casos el edificio está a merced de vándalos y ladrones y hemos podido comprobar que, entre cada una de nuestras visitas, el lugar ha sufrido hurtos y desperfectos de materiales y estructuras.

Pese a toda la información que podemos encontrar por la red un dato nos llamó poderosamente la atención: muchos afirman haber obtenido psicofonías en su interior pero, qué sepamos, el edificio no cuenta con una historia especialmente desgraciada o traumática. Es por eso que nos decidimos a desplazarnos hasta allí para comprobar por nosotros mismos si el lugar está realmente encantado, como muchos afirman.

En primer lugar recorrimos el perímetro exterior de la torre para asegurarnos que estábamos solos. Fue cuando pudimos ver, a lo lejos, la abandonada colonia minera. Una vez convencidos de nuestra soledad optamos, debido al tamaño del edificio, por comprobar todos los accesos al interior de la torre. Afortunadamente tan solo uno es viable, con lo que nos adentramos por ahí.

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Nada más entrar (por una puerta trasera) tenemos ante nosotros una gran e impresionante escalera que conduce al piso superior. La torre consta de un total de cuatro plantas: la planta baja, la primera y segunda, y la azotea (si no tenemos en cuenta un pequeño sótano y el desván).

Antes de subir a la primera planta decidimos recorrer la planta baja. Las puertas y ventanas de la planta baja están tapiadas así que en esta ocasión sí, nos adentramos en la oscuridad con la ayuda de dos linternas led. Descubrimos ante nosotros un gran comedor (donde se localiza, en uno de sus extremos, la entrada principal) con una majestuosa chimenea. Hay, a ambos lados del comedor, dos habitaciones de dimensiones más reducidas. Una consta de dos cajas fuertes (que han intentado forzar, sin éxito) y la otra dispone de un pequeño lavabo y una de las calderas de la torre.

Examinada la planta baja volvemos sobre nuestros pasos hasta la gran escalera. Subimos a la primera planta. Esta consta de una habitación central (con un bonito fresco en el techo) llena de puertas que comunican con una serie de habitaciones más pequeñas. Por una de esas puertas accedemos a una escalera trasera que nos permite subir a la segunda planta y a la azotea o descender hasta el sótano.

Fresco en el techo de la primera planta. A la izquierda, ventanas interiores de la segunda planta.
Fresco en el techo de la primera planta. A la izquierda, ventanas interiores de la segunda planta.

El sótano es realmente pequeño y no sabemos muy bien qué utilidad le pudieron dar sus dueños en su momento. Así pues, decidimos subir a la segunda planta. Esta planta dispone de dos habitaciones más, pero desaparece la sala central. En ella también podemos encontrar un lavabo y un pasillo que conecta con dos habitaciones más pequeñas.

Volvemos a las escaleras para subir, finalmente, al desván y a la azotea. El desván es un habitáculo grande, muy grande, pero de techo bajo y oscuro. Hay una serie de armarios en él, que en su momento servirían para guardar trastos y viejos muebles. En la azotea podemos comprobar que el techo ha sido reformado y gozamos, desde allí, de unas excelentes vistas tanto de la colonia minera como de la pequeña iglesia en ruinas.

Recorrida toda la torre descubrimos, ya en el exterior, un edificio adjunto (aunque no comunica con la torre) que serviría como sala de mantenimiento, almacén y bodega. Más abajo, por unas bonitas aunque ocultas escaleras de piedra descendemos a la iglesia que, como hemos dicho, veremos en un artículo posterior junto a la colonia minera.

Una vez reconocido el terreno y familiarizados con el entorno (algo muy importante en estos casos) iniciamos la investigación.

Decidimos centrarnos en la planta baja, la más oscura pero también la más aislada del exterior. La torre está ubicada en lo alto de un pequeño monte y, por tanto, las rachas de viento que cierran puertas y ventanas son algo bastante habitual. Con las puertas y ventanas tapiadas es donde, pensamos, mejor podríamos trabajar. Junto a las grandes escaleras desplegamos todo el material pero usaríamos como “campo de pruebas” el gran comedor.

Instalamos, junto a la chimenea (también tapiada, por cierto) la grabadora de audio, una cámara de vídeo grabando permanentemente y un sensor de movimiento por infrarrojos que cubría toda la zona de pruebas. Otro sensor de movimiento por infrarrojos lo instalamos en el acceso al comedor para asegurarnos que nada vivo pudiera entrar sin ser detectado. Destacar que por toda la planta baja el detector de campos electromagnéticos (EMF) indicaba ciertas variaciones en el registro, no preocupantes, pero sí interesantes puesto que en el resto de plantas no había alteraciones de este tipo.

Al lado de la chimenea (a la izquierda) instalamos las grabadoras. La gran escalera está tras la chimenea. Detrás nuestro, la entrada principal.
Al lado de la chimenea (a la izquierda) instalamos las grabadoras. La gran escalera está tras la chimenea. Detrás nuestro, la entrada principal.

Una vez iniciada la grabación, y como de costumbre, guardamos silencio y empezamos a apuntar todos aquellos ruidos que se iban sucediendo y podíamos oír a nuestro alrededor: portazos, cristales de ventanas, algún coche muy lejano, pájaros…

Tras media hora de grabación decidimos mover las grabadoras y sensores de lugar, sin salirnos nunca del comedor. Finalmente tras casi hora y media de grabación detuvimos la prueba.

Una vez recogido todo el material salimos al exterior y nos dirigimos al coche. Es recomendable, en estos casos, no escuchar las grabaciones “in situ” para evitar algún susto imprevisto o entrar en pánico (y hacernos daño por caídas, etc) por lo que se haya podido captar; basta con alejarse unos metros del campo de pruebas para escucharlas. Debéis pensar que estos lugares acostumbran, por su entorno, a crear un cierto ambiente de sugestión y, pese a estar ya acostumbrados, hay que intentar mantener la cabeza fría y lo más objetiva posible. Para entendernos: no ayuda a comprender el fenómeno el escuchar en una oscura y tétrica bodega como en una grabadora se oye un portazo seguido de una racha de viento.

Con todo y ya en el coche nos dispusimos a escuchar lo grabado. Y nos llevamos una sorpresa.

A los siete minutos de empezar la grabación puede escucharse lo siguiente:

Os podemos asegurar que estábamos completamente solos no solo en la torre, sino también en sus inmediaciones. El inmueble no dispone de edificios vecinos habitados y la carretera más cercana (y poco transitada) se encuentra a unos cincuenta metros, sin olvidarnos que dicha grabación se obtuvo en la parte de la torre más aislada del exterior.

Lógicamente si hubiera habido niños o nosotros los hubiéramos escuchado (estábamos relativamente cerca de la grabadora, a unos diez metros) habría quedado reflejado en nuestros apuntes. No fue así y, sinceramente, a día de hoy no sabemos de donde pueden proceder lo que parecen, a nuestro entender, estas voces infantiles.

Seguimos escuchando y se cuelan, en el ruido blanco de la grabadora, algunos cantos de pájaros. Tras un buen rato se oye a Sara llamarme y, tras unos 7-8 segundos, una lejana voz parece responder:

Es evidente que no se trata de mi voz. No tengo la voz así y tampoco habría tardado tanto en contestar. También podemos descartar que se trate de un eco ya que tarda demasiado tiempo en aparecer.

Pese a qué, pensamos, es más impresionante la primera psicofonía de la cual, insistimos, desconocemos el origen, fue esta segunda la que nos hizo regresar a la torre del conde de Fígols a por más pruebas.

Familiares y amigos no se ponían de acuerdo en lo que escuchaban en esta psicofonía. A unos les parecía oír golpes de un hierro, otros afirmaban era un cristal caerse y alguno no tenía duda de que era una extraña y lejana voz. Si por algo se caracterizan las psicofonías es por tener bastantes rasgos en común entre ellas: acostumbran a parecer voces metálicas y lejanas en las que cuesta discernir su origen, distancia y fuente de emisión (la psicofonía 1 lo ilustra perfectamente). Por ejemplo, al llamarme Sara todos podéis haceros una idea de a qué distancia puede hallarse ella de la grabadora; con una auténtica psicofonía, habitualmente, cuesta calcular dicha distancia.

En cualquier caso, para tratar de dilucidar el origen de estas “voces”, decidimos regresar a la torre, ahora sabiendo a lo que nos “enfrentábamos” y con un objetivo muy claro: averiguar de dónde procedían dichos ruidos.

Tras varias visitas a la torre en distintos días, el último de ellos nos sorprendió una intensa tormenta estando en su interior, pudimos establecer una comparación. En cuanto a las “voces infantiles” nos ha sido imposible determinar de qué puede tratarse. No obstante, y tras rebuscar a fondo, encontramos un cristal mal fijado en una ventana que aún tapiada se movía con las rachas de viento. Vosotros mismos podéis comparar el ruido de ese cristal con la supuesta psicofonía que parece gritar mi nombre:

Podéis juzgar por vosotros mismos. Si bien el sonido es similar parece haber “algo” que los hace distintos. Señalar que la grabadora siempre ha estado en el mismo lugar y a la misma distancia de la ventana en cuestión (unos 15 metros).

Tras nuestro paso por la torre del conde de Fígols y tras varias preguntas lanzadas al aire sin respuesta podemos decir que, si bien la segunda psicofonía podría tener una explicación lógica, nos es imposible determinar de qué puede tratarse la primera psicofonía; de lo que no tenemos dudas es de que parecen voces, voces infantiles.

El hecho de no ser un emplazamiento con una historia especialmente trágica nos hace dudar de si realmente puede tratarse de un lugar impregnado de extrañas energías (o ecos) paranormales. Nosotros, personalmente, pensamos que debido a la proximidad a la zona de minas y de disponer de un interesante subsuelo (corteza terrestre) bien podría tratarse de una zona donde, simplemente, hay interferencias entre nuestro mundo y, quizás, el más allá.

Pensamos que, si un lugar puede disponer de una puerta (aunque sea temporal y/o defectuosa) entre mundos, la torre del conde de Fígols está situada en el lugar ideal para ello, tan solo hay que estar ahí en el momento oportuno.

¿Está, la torre del conde de Fígols, en un emplazamiento con alta actividad energética? Nosotros pensamos que sí.
¿Está, la torre del conde de Fígols, en un emplazamiento con alta actividad energética? Nosotros pensamos que sí.

Y tú, ¿qué opinas de estas supuestas psicofonías? ¿Son voces, pájaros, hierros, ventanas…?

¡Déjanos tu opinión al respecto!

Nota: todas las fotografías, vídeos y audios de este artículo han sido realizadas/os por Archivos del Misterio, exclusivo propietario de las mismas/os.

Más información e imágenes sobre la torre del conde de Fígols aquí (artículo del 13 de mayo 2015).

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