LAS VERDADES INCÓMODAS DEL ACOSO ESCOLAR INFANTIL
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¿Qué pasa en los colegios y qué les pasa a nuestros niños?

Hace unos días saltaba a los medios de comunicación el suicidio de un escolar que había acontecido a finales de octubre del año pasado. El menor, con sólo 11 añitos, se lanzaba al vacío desde una ventana de su casa después de dejar una carta explicando sus motivos a los familiares.

Como siempre que suceden este tipo de cosas, la respuesta de los medios y de la sociedad es agresiva, ciega y escandalosamente simple. Se dice que el niño sufría bullying en el colegio. Se culpa a los otros niños abusadores. Se culpa a los profesores y al director que no se dieron cuenta del problema. Se llora, se encienden velas, se dan más gritos indignados, se ponen pancartas STOP BULLYING, en algunos casos se organizan colectas y luego todos seguimos con nuestras vidas exactamente igual sin hacer el más mínimo autoanálisis o buscar la verdad profunda de los hechos.

Sin embargo, realmente estos actos extremos y dolorosísimos podrían servirnos para poner sobre la mesa las verdades incómodas sobre la infancia, el colegio y el aislamiento emocional de las que muy poco (o nada) nos atrevemos a decir.

Yo hoy siento la necesidad de hablar de ve verdades incómodas sin paliativos, sin matices, de una forma incluso un poco exagerada. Porque cada vez me duele más observar la simpleza de los argumentos que vertemos en las redes sociales o en reuniones con nuestros amigos.

Mientras sigamos con los ojos cerrados a estas verdades incómodas, mientras neguemos sistemáticamente nuestra responsabilidad en los hechos y nos dediquemos a culpar a otros (siempre es otro el que tiene la culpa ¿no es cierto?) este tipo de tragedias de acoso escolar y suicidio de niños seguirán sucediendo.

Hay muchas verdades incómodas en torno a estos hechos pero en este artículo me voy a centrar en dos: la primera, que el colegio es un lugar horrible y hostil (algo que no se dice así de claro) y la segunda, que es una mentira decir que estamos conectados y nos comprendemos unos a otros.

SÍ, EL COLEGIO ES UN LUGAR HORRIBLE Y HOSTIL

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Hace falta mirar con objetividad y atención para ver que la mayoría de colegios e institutos de nuestro país son lugares más o menos feos, desagradables, violentos y hostiles, tanto para alumnos como para profesores. Un lugar con horarios rígidos donde los alumnos tienen que estar encerrados como si fuera una cárcel, un lugar donde suceden varias veces por hora insultos, faltas de educación, indisciplina y malas contestaciones (sea entre alumnos o al profesor, que conozco casos de acoso a profesores que ponen los pelos de punta) un lugar donde chavales que tienen diferencias abismales entre su interés y su conocimiento están hacinados en la misma clase.

Hace unos años me comentaba un profesor su experiencia cuando había acudido a una clase de alemán de un nivel más avanzado que el que él poseía, me dijo: “qué desagradable, ahora entiendo cómo se puede sentir un niño cuando está en una clase y no entiende nada de lo que se dice”. Y a continuación apostilló una verdad con la que hoy no puedo estar más de acuerdo:

“Hacemos a los jóvenes y los niños lo que de ninguna manera haríamos a los adultos” - difunde       

Es así. Ningún adulto acudiría como si nada a un trabajo en el que día tras días sufre acoso laboral por parte de sus compañeros. Quizás denunciaría a la empresa o enfermaría y pediría una baja médica por depresión, o en caso de no poder hacer nada de esto empezaría a buscar otro trabajo urgentemente. Sin embargo, cuando se plantea un caso serio de acoso en un colegio o instituto nadie sugiere que el niño deje de ir, la verdad incuestionable es “no se puede dejar de ir al colegio”.

¿Cómo que no se puede dejar de ir al colegio? ¿Por qué no? ¿Qué hay de malo en evitar la tortura de un adolescente, que día tras día es humillado, simplemente dejándolo un tiempo en casa? Hasta que esté mejor, hasta que se recupere, hasta que se le cambie de colegio o se encuentre otra solución.

Ningún sindicato obligaría a un trabajador a ir a su puesto de trabajo en circunstancias tan graves, más bien le sugeriría descansar mientras la situación se resuelve. ¿Por qué con un niño de 11 años, que además ya no es un bebé que requiere la supervisión total de los adultos, esto no se permite? ¿Por qué simplemente no se saca al chaval del colegio, unos días, y se le concede un tiempo de reposo y cuidado, lejos de ese lugar hostil donde le machacan impunemente? Y después ya se verá… Pero antes de nada, saquemos al chico de ahí. Por una semana, un mes, seis o un año entero si hace falta.

El colegio y el instituto para muchas personas es un lugar insano y que hunde la autoestima. Vuelvo a decir que no sólo para los alumnos, conozco de primera mano casos de profesores que no saben qué hacer con una horda de chavales que los denigran y los enfrentan. No lo queremos ver pero es así.

En vez de pedir más educación pública, más institutos o más control, ¿por qué no pedimos un lugar más humano donde se formen las futuras generaciones? ¿Por qué no facilitamos los trámites para que sea más sencillo solucionar este tipo de problemas? ¿Por qué no protestamos contra el excesivo y absurdo trabajo burocrático al que se ven sometidos profesores y equipo directivo, que tienen que pasar horas rellenando papeles, informes y faltas de asistencia (doy fe) en vez de escuchar a los chicos?

Créditos de la imagen
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Admitámoslo. El colegio es un lugar horrible y hostil al que enviamos a nuestros niños y jóvenes creyendo que “no puede ser de otra manera”. Sí puede ser de otra manera. Si todos nos involucramos y sobre todo rompemos la sacrosanta regla de que no se puede faltar al colegio. Claro que se puede faltar al colegio. Igual que saldríamos escopetados de una empresa donde nos desprecian y nos amargan la vida.

Pasemos a la verdad incómoda número 2:

ESO DE QUE ESTAMOS CONECTADOS ES UNA MENTIRA

Eso de que conocemos y estamos pendientes de las personas que nos rodean es una mentira. En realidad, vivimos bastante aislados unos de otros y el 90% de nuestro contacto es superficial y banal.

Para dar cuenta de esta realidad hay que hacer un doble ejercicio de análisis: hacia afuera y hacia adentro. Por favor, querido/a lector/a, empieza a partir de ahora a mirar como si fueras un observador externo cómo son las relaciones entre los niños y los adultos. Los niños hablan, gesticulan, piden, comentan… y los adultos mientras miran el móvil, van andando con sus pensamientos, les dicen “niño cállate” o “ten cuidado”, o escuchan con buenas intenciones pero con una falta clara de vitalidad y empatía.

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No sólo pasa entre niños y adultos. Entre las parejas y con los amigos, a veces la comunicación es tan superficial que podemos habernos reunido tres horas y no hablar de eso que nos atormenta. Pensemos un momento… ¿qué sabemos de los problemas íntimos de las personas que nos rodean? - difunde        ¿Cuáles son sus inquietudes? ¿Qué les preocupa? ¿Qué sueños repetitivos tienen cada noche?

Y ahora piensa en ti mismo… ¿Quién sabe de tus sufrimientos? ¿Con quién compartes ese problema que te pesa encima de los hombros y del que te sientes tan avergonzado? ¿A quién pides ayuda cuando no puedes más? ¿Quién te conoce en realidad?

Vivimos supuestamente conectados a un montón de personas, recibimos whatsapp y e-mails sin descanso pero en realidad… ¿cuánto conocemos, de verdad, lo que pasa en el corazón de quienes llamamos “nuestros seres queridos”?

¿Realmente estamos mirando con los ojos bien abiertos, escuchando con toda la atención del mundo, o más de la mitad de nuestro pensamiento gira en torno a nosotros y nuestros problemas?

Volviendo al tema del suicidio, es profundamente desolador que un niño decida un día tirarse por la ventana y nadie a su alrededor se diera cuenta de nada… Pensemos amplio ¿¡cómo es posible!? Una persona que un día decide acabar con su vida tiene el gesto triste, la mirada perdida, está distraído, se despierta con pesadillas, no habla, no muestra alegría, sufre taquicardias o pequeñas crisis nerviosas.

Si no nos damos cuenta de todo esto es porque no estamos atentos. Porque en vez de centrarnos en esa persona estamos dándole vueltas a nuestras historias, o viendo el programa de televisión, o entretenidos con la tablet, o contestando los cien mensajes de whatsapp superficiales que nos llegan. O porque en vez de escuchar estamos dando órdenes, consejos, amenazando a los chicos con estudiar más, diciendo “no hagas esto o lo otro”, aceptando un “estoy bien” dicho con todo desesperado por su significado literal.

¿Quiénes son los culpables cuando un niño indefenso decide acabar con su vida? ¿Los supuestos abusadores solamente? No, por supuesto que no. Los responsables somos TODOS.

Todas las personas que rodeamos a ese niño y no hemos notado nada, no hemos estado atentas a los indicios, no hemos hecho nada. Y sobre todo y especialmente, como dice en este durísimo artículo sobre suicidio infantil el psicoterapeuta y escritor José Luis Cano Gil, las personas que forman parte de su familia. Transcribo a continuación un párrafo del artículo que resulta impactante y doloroso a partes iguales:

¿Cómo es posible, por ejemplo, que, mucho antes de que un niño (o adolescente) se suicide, las personas que lo “aman” y conviven con él no hayan percibido nada? ¿Por qué la víctima no informaba a su familia del acoso escolar que sufría? ¿O del abuso sexual que le practicaba un vecino? […] ¿Alguien detectó las evidentes señales de soledad, ansiedad, tristeza, enfado, aburrimiento o estrés que sufría? […] Si todo esto falló, hubo evidentemente un claro déficit de atención, confianza y comunicación emocional en la familia. Faltó amor. Por eso el hijo aprendió a sufrir sus problemas a solas… hasta que ya no aguantó más y puso fin a su vida.

No se trata de buscar culpables y volcar nuestro odio en ellos… Bastante dolor aguantan ya las familias y personas allegadas por estos hechos. De lo que sí se trata es que entre todos entendamos que los responsables son muchos, y que en vez de echar balones fuera, empecemos a asumir la responsabilidad individual que tenemos ante el acoso escolar y el suicidio de adolescente.

Sin conciencia, sin acercarnos a la verdad tal y como es, todo se queda en una riña estúpida igual a la que nos tienen acostumbrados nuestros políticos (que nunca reconocen sus responsabilidades, siempre culpan a los otros).

Por ello, si amas a alguien y esta persona decide acabar con su vida (sea un hijo, padre, hermano, alumno, amigo, sobrino, nieto…) también es preciso entender que no la has acompañado en este durísimo proceso, que no has estado atento/a a las incontables señales que se habrán derivado de su comportamiento. Porque amar, antes de nada, es conectar y comprender.

El problema es grave y complejo… Y no es un problema puntual, sino derivado de una civilización donde el cuidado, la conexión emocional y es respeto van muy por debajo de otros valores como la competitividad, la productividad y el éxito material. No se trata de sentir derrotismo o parálisis por la complejidad y amplitud del problema (algo que tampoco soluciona nada) sino pensar activamente qué podemos hacer, cada uno de nosotros, tanto en el ámbito privado (para mí el más importante) como en el ámbito social/público.

 

BIEN, ¿Y QUÉ HACER?

En primer lugar, enfrentarnos a estas verdades incómodas y dejar de pensar en términos infantiles. Por ejemplo, pensar que el colegio es un lugar maravilloso, que “son cosas de niños”, que somos unos padres/profesores/adultos excelentes, y que la culpa de TODO es de esos “niños malvados que agreden a otros niños” (que por supuesto nunca son los nuestros, sino los del vecino).

La realidad es que los niños agresores también tienen su propio infierno del que intentan resarcirse violentando a los demás. Miremos amplio y empecemos a observar dónde se origina la violencia. La violencia está en nuestras casas, en nuestras familias, en nuestros puestos de trabajo, dentro de nuestras parejas y sobre todo y especialmente dentro de nosotros mismos. Darnos cuenta de que está ahí es el primer paso para buscar soluciones maduras y globales.

En segundo lugar, tenemos que desarrollar imperiosamente la empatía, sobre todo con las personas que tenemos más cerca y sobre todo si somos responsables de su cuidado. Tenemos que preguntar a nuestros seres queridos qué les pasa, qué les sucede, en qué les podríamos ayudar y qué necesitan de nosotros. Preguntarlo así, tal cual, y esperar una respuesta que sea verdadera y no un “estoy bien” que se dice de forma automática.

Créditos de la imagen
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La empatía requiere paciencia, calma, tiempo y un estar dispuesto a escuchar una respuesta que tal vez no nos guste mucho… La empatía y la conexión emocional son la verdadera función de las relaciones, que si carecen de estas dos cualidades se convierten en una especie de “contrato obligatorio” según el cual yo me ocupo de ti (legalmente) pero sin conocerte ni conectar contigo realmente…

En tercer lugar, podemos revisar individualmente en qué otras situaciones nosotros nos sometemos a otros abusadores o al sistema. Muchas personas hemos perdido nuestro poder personal, hemos olvidado que somos héroes y nos conformamos con seguir las órdenes de personas violentas a las que ponemos por encima de nosotros.

Muchos literalmente temblamos de miedo si nuestro jefe, nuestra pareja, nuestra madre, nuestro hermano, el vecino del quinto, un compañero irritante o el Estado mismo nos amenaza para hacer algo o nos trata con desprecio. Decimos que sí, agachamos la cabeza y nos seguimos sometiendo (“uy, que no se enfade, por dios…”).

Si queremos transmitir el ejemplo a otros niños y jóvenes de que no se dejen dominar y humillar, tenemos que hacer ese esfuerzo nosotros también. Al final, el acoso escolar es una dinámica de abusador-sometido que se acaba cuando uno de los dos sale del juego. Podemos obligar al abusador a que deje de ensañarse con su víctima, pero a menudo se nos olvida que también podemos trabajar con esta víctima y enseñarle a hacerse valer.

La valentía y el ponerse uno en su sitio también se aprende. Vamos a poner empeño en  enseñar actitudes y comportamientos que la alienten, y sobre todo dejemos de ser personas sometidas, desvitalizadas, cobardes, temerosas o que se dejan dominar por otras.

El acoso escolar terminará cuando cada uno de nosotros indaguemos de forma individual y colectiva en estas verdades incómodas. En vez de organizar carreras y campañas “contra el bullying” (como si eso fuera a cambiar algo) o esparcir nuestro odio a los niños agresores en las redes sociales, hagamos algo mucho más revolucionario: REFLEXIONAR SOBRE NUESTRA RESPONSABILIDAD INDIVIDUAL. Y actuar en nuestra medida para cambiarlo.

Escuchemos, de verdad, a nuestros niños y jóvenes. Permanezcamos con los ojos bien abiertos a lo que les sucede, para detectar el mínimo aviso de que algo no va bien. Revisemos cuando nos metemos cada uno en dinámicas de sometedor-sometido. Y dejemos de tener miedo al sistema, a los otros profesores, al resto de padres o a lo que digan de nosotros en Internet.

¿Nos van a criticar por decir la verdad, sobre todo si esta es incómoda y hace sentir culpable a más de uno? Sí, posiblemente. Aunque en realidad, si lo hacemos con humildad y poniéndonos a nosotros mismos también como responsables, es lo más justo y honesto que podemos hacer por el mundo.


 

Créditos de la imagen destacada: “Those moments where you’re just fed up“, por Sarah Horrigan

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Coach personal, profesora, investigadora y creadora de la página www.puedoayudarte.es. En Conspiración o Mentira me gusta tratar temas de actualidad y crítica social, que generalmente no abordo en mi blog. Respecto a mi trabajo, me dedico a ayudar a las personas inquietas e insatisfechas con su vida a recuperar la confianza, mejorar la autoestima y gestionar mejor su tiempo y energía. Me apasiona leer, escribir y aprender (tampoco le digo que no a un buen vino en un sitio agradable). Opino que no hay acción más relevante que conocerse a uno mismo y desde ahí construir nuestro proyecto de vida. ¡Te espero en mis artículos!

8 Comentarios

  1. Amparo qué sorpresa! llegar al final del artículo y ver que eras tú! Excelente, impactante! nunca más de acuerdo con todo lo que apuntas.
    Yo fui por 20 años docente, desde el tercero o cuarto año de docencia ya me daba cuenta que el sistema estaba fatal y lo peor es que dentro es difícil no caer en las mismas prácticas que te parecen aberrantes cuando estás fuera. Cuando tuve a mis hijos y los vi sufrir en la escuela, que se me vivían enfermando fue cuando me puse a investigar y me dije: a tomar por Cu*** con esto y desde entonces, ya casi 4 años, hacemos homeschooling (educación en casa) No van al cole, ahora ya no se enferman, están re felices y yo también me “desescolaricé” meses después y mi vida cambió!
    Ahora, ¿sabés la cantidad de veces que escucho cómo mis hijos entonces van a aprender a “lidiar con los roces” si no van al colegio? cuando les pregunto a qué se refieren con “roces”, ni te imaginas las cosas que tengo que oir! Y siempre respondo lo mismo “no quiero adaptar a mis hijos a una sociedad enferma, gracias”
    Un abrazo y este artículo es ciertamente para poner en un cuadro y no olvidarse de él nunca.

    • ¡Hola Paula!
      Me ha encantado conocer tu historia. Yo también he trabajado de profesora y doy fe de que: “dentro es difícil no caer en las mismas prácticas que te parecen aberrantes cuando estás fuera”. Es así… Por eso yo me quedo consternada cuando padres indignadísimos critican a los profesores y al centro educativo pero no se les pasa por la cabeza que ELLOS también están haciendo algo mal. Aquí la responsabilidad es de todos… Y si queremos hacer algo, vamos a empezar por actuar a nivel individual. Salirse del colegio es una alternativa muy valiente que personas como tú han llevado a la realidad. No sabes cuánto me alegra que quede aquí plasmado tu testimonio para que otras personas vean que ES POSIBLE, que se puede.
      Por supuesto, no hay por qué hacer “homeschooling” si uno no quiere, pero sí podemos sacar del colegio a los niños que sufren temporalmente, podemos estar ahí como un apoyo fuerte para el niño, podemos hablar con él sobre cómo puede hacerse valer, podemos cambiarlo de colegio… Hay mucho para hacer en lugar de sólo criticar a los demás.
      Y desde luego, el problema de fondo no es el acoso escolar. El problema REAL es la escuela misma… La rigidez del sistema, la burocracia interminable para los profesores, el adoctrinamiento brutal que sufren los alumnos, y el entorno hostil en que se acaba convirtiendo un centro educativo.
      Un fuerte abrazo!

    • En lo personal, nunca he vuelto a ver ese tipo de “roces”, fuera de la escuela. En la vida adulta hay imbéciles de todos los colores, pero, a menos que se te ocurra ser profesor de escuela, nadie vuelve a la escuela. Es un lugar que tiene sus propios códigos.

      • Hola Giselle y gracias por comentar,
        Es verdad, la escuela es un lugar que parece tener un código particular, por eso la he definido en el artículo como “lugar hostil”. Hay mucha gente que siente horror de recordar esos “supuestos años felices” del colegio…

  2. Buenas tardes, por primera vez me ha sorprendido, no ha bien, tu artículo del sábado. La primera parte me ha parecido demasiado agresivo, parece que el cole mas que un cole es un campo de batalla…Tengo que decir que tengo buenos recuerdos de mi vida en el cole y en el insti. Mis hijos son pequeños, pero les veo muy contentos de ir al cole y estar con sus amigos y profes.
    Muy de acuerdo con ser más empáticos. Cierto es que el día a día te lleva y te envulve. Ser más observadora, interesarse y tener una escucha activa hacia los niños permitirá ser consciente de sus problemas, mucho antes.

    Buena tarde de domingo

    • Hola Susana y muchas gracias por tu comentario.
      Es verdad que la primera parte del artículo es un poco agresiva, pero es que estamos hablando del suicidio de un niño… Que no es un caso aislado, lamentablemente. Por otro lado, tengo conocimiento de otros casos de niños y profesores que viven el colegio como una tortura. La verdad que el instituto y el colegio, salvo para algunos, son ambientes hostiles, no sabes la de veces que mis clientas me han dicho que sufrieron muchísimo en el instituto. Quien tiene la suerte de pasarlo bien, bueno, eso se lleva, y parece que en el caso de tus hijos es así.

      Creo que cuando miramos con los ojos bien abiertos somos capaces de ver más desastres que cuando miramos superficialmente. Yo me sorprendo día a día de las violencias que pasamos por alto porque nos parecen “normales”…

      Muchas gracias por comentar y un abrazo!

  3. Hola Amparo,
    todos tenemos la responsabilidad de como nos tratamos los unos a los otros y de ver cuando alguien sufre, tenderle una mano, buscar ayuda si es necesario, tienes mucha razón.
    Personalmente no conozco la historia personal de este niño, de si los padres sabían o no del acoso, de si el acoso escolar fue el único motivo real de la tragedia… sabemos tan poco de los que tenemos a nuestro lado, ¿qué podemos saber de alguien que ni siquiera está en nuestro entorno?
    Creo que te interesará conocer (si no lo conoces ya) el programa KiVa que el ministerio de educación Finés a puesto en marcha en toda Europa.
    Se presentó en España y ni un solo colegio/instituto se ha inscrito… yo no entiendo qué nos pasa.
    Mi madre ha sido profesora de educación primaria durante casi 40 años y las historias que me cuenta al final tienen más que ver con los padres no sabiendo gestionar la cuestión con otros padres y también los espectadores (los compis) que instigan, se ríen o miran hacia otro lado mientras la agresión ocurre.
    La chivatos están mal vistos, en casa te recomiendan no meterte en los jaleos de otros… hay tanto mal en el sistema de los adultos que de algún modo lo transmitimos a nuestros hijos.
    Por suerte hay escuelas con nuevos paradigmas de educación, de actividades, de relaciones y poco a poco se van haciendo más populares. La revolución industrial pasada a las escuelas es algo que debe cambiar pero los pasitos, aunque pequeños, se están dando.
    Entiendo la rabia que sientes, yo de pequeña fui víctima del bulling y el único apoyo que recibí en casa fue “no les hagas caso te tienen envidia”, lo que hacía que mi ego creciese y me metiese en más follones. Ahora mi sobrina de 10 años (también un bicho inquieto) recibe mucho acoso por parte de sus compañeros, pero es que ella es muy agresiva también y quizás sus compis lo que hacen es dejarla de lado porque ella es la bully… es tan complicado el tema!
    Bueno, que me encanta darle a la tecla, te dejo el link del programa este finés que te comentaba por si le quieres echar un ojo. http://www.kivaprogram.net/
    Un abrazo,
    Lou

    • Hola Lou!!
      Qué alegría leer tu valioso comentario! Pues verás, no conocía el proyecto Kiva y le he estado echando un vistazo a su página. Ponen este sistema como lo mejor que se ha implementado de cara a corregir el acoso escolar, pero es verdad que en la web no te dicen las características CONCRETAS de en qué consiste este método o programa. Supongo que tienes que asociarte a ellos y que te manden un instructor certificado para saber toda la información específica.

      Respecto a lo que dices, yo creo que al final el GRAN problema es el pasotismo y la desconexión que (desafortunadamente) todos compartimos. También la ignorancia de los padres o profesores cuando simplemente dicen a un niño acosado, como bien apuntas “es porque te tienen envidia”. Sí, ok, me tienen envidia o a saber qué, pero mientras tanto sufro, y discuto, y me insultan, o yo también insulto!!! No es una solución que me digan “ay hijo, pobrecito, pasa de ellos, aguanta!!”

      Para mí el primer recurso para un adolescente que sufre bullying hasta el punto de deprimirse es retirarlo un tiempo de las aulas. Como he dicho, nos parece descabellado que un niño deje de ir al colegio, pero en las empresas sí se puede dejar de ir si uno está sufriendo acoso laboral. Quizás es cuestión de poner a los niños/jóvenes como prioridad y tener muchísimo cuidado con los casos más delicados que puedan acabar en tragedia (como lo del suicidio).

      En fin, un tema para pensar desde todos los ámbitos. Un abrazo!!

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