¿Qué hizo Marcelino Sanz de Sautuola?
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El artículo que estás a punto de leer es interesante como pocos, pero te aconsejo que antes leas la primera parte y decidas qué hubieras hecho tú. Si ya lo leíste, entonces disfruta de la magnífica segunda parte cortesía de Alexis Pardillos.

Marcelino Sanz de Sautuola: ¿Qué pasó después?

Pues la opción que tomó D. Marcelino Sanz de Sautuola fue la de un hombre cabal y comprometido en todo momento con la Ciencia, incluso sabiendo que no sería un camino fácil y que encontraría, quizás, multitud de detractores por el camino.

Pero, ¿hasta qué punto llegó D. Marcelino a sacrificar su vida por Altamira en aquella su última etapa de existencia?

Primeramente contó D. Marcelino su descubrimiento a su amigo Juan Vilanova, nada más viajar a Madrid, el cual, cauto aun por la magnificencia y la exhalación de virtud que el cántabro profería, no quedó convencido y admirado por el descubrimiento hasta que no lo vio con sus propios ojos, en cuanto tuvo oportunidad para viajar al norte de la península.

altamira cueva

 

Posteriormente lanzó Sanz de Sautuola su descubrimiento y trabajo “Breves apuntes sobre algunos objetos prehistóricos de la provincia de Santander”, (Santander, 1880), en diversas publicaciones de toda Europa. El efecto fue devastador. La comunidad científica de pleno se opuso a admitir tal barbaridad histórica para aquella época en la que pensaban que el hombre primitivo, el que pudo haber habitado en muchas cavernas, era un mono tonto, sin capacidad de raciocinio ni sentimientos ni sensaciones.

Cartailhac, Mortillet y Virchov, entre otros, autoridades a nivel mundial en el tema de la Prehistoria, se negaron a aceptar aquella que era una Gran Verdad Universal. Que aquello, decían, no podía ser más que la obra de algún farsante o algún loco.

Ya en 1880, en Lisboa, en un congreso, con la “créme de la créme” europea del mundo de la Prehistoria y la Arqueología, fue, junto a su amigo Vilanova, su acérrimo defensor, humillado y vilipendiado por aquella multitud de ingratos.

Juan Vilanova Piera
Juan Vilanova

Pero D. Marcelino, que era todo un caballero español, supo aguantar estoicamente, no solo este tipo de ofensas injustas sino muchas otras que no fueron capaces, de ningún modo, de eclipsar su constancia y la magnitud de su hallazgo.

Muerte Marcelino Sanz de Sautuola

En cualquier caso falleció en 1888 D. Marcelino Sanz de Sautuola, sin ser reconocido su descubrimiento.

Unos años más tarde comenzaron a encontrarse, en territorio francés, cuevas con grabados, similares en técnicas pero nunca en grandeza a las halladas por Sautuola. La Mouthe (1895), Les Combarelles  y Font de Gaume (1901), Marsoulas (1902), La Calevie y Bernifal (1903) y La Greze (1904).

La comunidad científica al unísono se rindió ante lo que era ya una evidencia irrefutable de que Altamira podía albergar el más maravilloso de los retablos prehistóricos del mundo, intuyendo que el hallazgo que D. Marcelino y su hija descubrieron aquel verano de 1879 iba a resultar finalmente cierto.

Cartailhac, simbólicamente en nombre de aquella equivocada y soberbia comunidad de científicos, junto con Breuil, un cura de la nueva escuela, visitaron a la ya joven María, hija del buscador cántabro. Tras permitirles ésta el paso a la gruta e inspeccionar la Cueva de Altamira, Cartailhac, en el fondo hombre justo, no dudo en rehabilitar la memoria de Sautuola desde la Ciencia, ante su propia tumba y ante su hija, primero, y posteriormente ante la sociedad.

En 1909 publican, estos dos últimos expertos en Prehistoria, el trabajo Las primitivas pinturas rupestres : estudio sobre la obra La caverne d’Altamira.

El nombre de D. Marcelino Sanz de Sautuola, con letras de oro permanece escrito desde entonces en los anales de la Historia, como descubridor que fue, junto con su hija, de los Gloriosos y Universales grabados de arte rupestre de las Cuevas de Altamira en Santander, Cantabria, España.

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