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La conspiración es algo inherente a la raza humana. El ansia de poder y el afán de enriquecimiento nos llevan desde tiempos inmemoriales a urdir todo tipo de triquiñuelas, en cualquier situación y a todos los niveles. Más allá de esto, me he preguntado en varias ocasiones dónde y cuándo nacieron las primeras teorías conspiranoicas, en qué momento exacto alguien tuvo la idea de manipular la opinión pública con el objetivo de cambiar el curso de la historia. Después de mucho leer e investigar, en mi opinión hubo un hombre que, si bien es posible que no inventara nada nuevo, supo encontrar las herramientas para manejar el destino de varias naciones a su antojo sin moverse del sillón.

El magnate que nos insultó: William Randolph Hearst

William Randolph Hearst (1863-1951) fue la inspiración de la mítica película Ciudadano Kane de Orson Wells. Un personaje extravagante, gran magnate de la prensa, que hizo una gran fortuna gracias a su oportunismo y a la introducción de numerosas novedades en la dirección de un periódico. Con la ayuda económica de su familia se hizo con diversos periódicos de pequeña tirada, y consiguió el llevarlos al máximo nivel de ventas sirviéndose de dos estrategias: abarató las tiradas a precios muy populares para que todo el mundo pudiera leer las noticias a diario; y llenó sus portadas de titulares sensacionalistas y populistas para captar la atención de los lectores, manejando la información de forma parcial e interesada.

“Ponga usted las fotos, que yo pondré la guerra” -William Randolph Hearst - difunde       

Era el eterno rival de Joseph Pulitzer, icono del periodismo de investigación –más del gusto de las clases altas –, ya que creó el término prensa amarilla (solía incluir en sus diarios viñetas satíricas, y una de las más populares fue The Yellow Kid, de ahí el nombre). Fue el primer editor que publicó suplementos dominicales, inventó las revistas de ocio y entretenimiento (suyas eran Motor y Cosmopolitan), y se podría afirmar que fue el creador del cómic como producto de consumo de masas.

hearst revista time

Con este talento, enseguida vio la oportunidad de influir en la opinión pública y por tanto, en la realidad política de Estados Unidos. De ideas ultraconservadoras, consiguió en varias ocasiones que se tomaran decisiones a nivel internacional que beneficiaran a los intereses económicos del país… ¿os suena de algo? Hearst fue el artífice de la primera conspiración documentada de la época contemporánea - difunde       . En 1898, Cuba seguía siendo una colonia española, pero Estados Unidos tenía puesta la vista en la isla por cuestiones evidentemente económicas y estratégicas. La tensión entre ambos países fue espoleada de forma virulenta por los editoriales de Hearst, acusando a nuestras tropas destinadas en el territorio disputado de salvajes, violentas y faltas de escrúpulos. Por primera vez en la historia, el enemigo de Estados Unidos fue presentado como una amenaza aterradora para la paz mundial. Entre tergiversaciones e invenciones, consiguió que los norteamericanos nos odiaran ferozmente mientras desayunaban cada mañana en sus cómodos hogares, diario en mano. Finalmente, consiguió que Estados Unidos declarara la guerra a España, gracias a una de las mentiras más famosas de la historia: el hundimiento del acorazado estadounidense Maine por tropas españolas. En realidad las hipótesis que se manejan actualmente son el accidente o una operación de bandera falsa por parte del propio gobierno norteamericano. La guerra facilitó a Estados Unidos el dominio del Canal de Panamá y la pérdida de las últimas colonias españolas de ultramar.

Pero la extravagancia de William Randolph Hearst no tenía límites, y perjudicó a nuestro país no sólo manejando la prensa. Su colosal imperio periodístico lo hizo multimillonario, incrementando de forma exponencial su patrimonio. Junto a su amante oficial Marion Davies, una actriz de poca monta, se convirtió en el símbolo del glamour y lo fastuoso en el Hollywood de la época (también produjo varias películas para promocionar la figura de su amada), organizando fiestas con los personajes de moda: empresarios, actores, productores… toda una fauna para mostrar su poderío.

Su capricho más famoso fue el llamado Castillo Hearst, que anteriormente había sido un rancho de su familia. La Xanadú de Ciudadano Kane fue construida entre 1919 y 1947, y está situada en lo alto de una colina de San Simeón, con vistas al océano Pacífico, a medio camino entre San Francisco y Los Ángeles. Una suntuosa mansión, a caballo entre castillo y parque de atracciones, que hoy puede ser visitado por turistas, donde se mezclan diversos estilos y se acumulan multitud de obras de arte junto a simples falsificaciones. Un conjunto de dudoso gusto, con decoraciones que van de lo egipcio o romano, pasando por los grandes castillos ingleses o monumentos de origen árabe, a lo medieval. Ocupando una extensión de 160 kilómetros cuadrados, el Hearst Castle cuenta con 56 habitaciones, 61 baños, 19 salones, acres de jardines interiores y exteriores, piscinas, pistas de tenis, un cine, un aeródromo y albergó el zoológico privado más grande del mundo, con leones, osos polares, etc., aunque en la actualidad solo pueden verse en sus extensas tierras algunas cebras y otros animales exóticos.

Castillo Hearst
Castillo Hearst.

Durante el siglo XIX y principios del XX, fueron muchos los coleccionistas adinerados de América que construyeron suntuosas casas decoradas con elementos arquitectónicos y arte europeos, sufriendo nuestro continente un verdadero expolio hasta que llegaron las legislaciones protectoras del patrimonio cultural y artístico. Lo singular de Hearst es que él solito adquirió la cuarta parte de todas las obras de arte que salieron al mercado, muchas de las cuales nunca llegaban a salir de sus envoltorios. El suntuoso castillo es un rompecabezas cuyas piezas pertenecen a iglesias, palacios, conventos y mansiones señoriales. Se exhiben obras de arte en los techos, en las paredes, en las escaleras, en los lavabos…

Piscina del castillo.
Piscina exterior del castillo.

Para rizar el rizo a este despropósito, además de coleccionar, Hearst tuneaba las piezas a su gusto, cortaba a medida los tesoros patrimoniales que le iban llegando. Sillas de un coro español reconvertidas en puertas de ascensor, artesonados medievales recrecidos para encajar en el techo de una habitación, y otras yuxtaposiciones aún más sacrílegas. Alfombras persas y tapices góticos, vasos griegos, raras alfombras orientales, bajorrelieves, tapices flamencos, toda clase de esculturas de mármol, una biblioteca de más de 4.000 volúmenes de libros raros que también alberga 155 piezas de cerámica antigua, bodegas con al menos 7.000 botellas de raras cosechas de vino europeo y californiano… Mármoles, nenúfares, piscinas de fondo dorado, candelabros de plata y otras tantas antigüedades juntas y hacinadas.

Entre los numerosos anticuarios de arte que enviaban a William Randolph Hearst cuantas piezas precisaba para sus construcciones y decoración de habitaciones, destacaba la figura de Arthur Byne, arquitecto norteamericano que vivió en España desde 1914 hasta su muerte en 1935. Éste se dedicaba a la compra-venta de todo tipo de antigüedades, desde conventos enteros a retablos, claustros, techumbres, muebles, tapices, etc. Raramente figuraba al frente de las operaciones y, a pesar de expoliar nuestro país, fue condecorado a su muerte con la encomienda de Isabel la Católica, por considerarlo un gran hispanófilo.

Entre las piezas españolas más famosas expoliadas por el magnate, destacan:

– El Monasterio de Santa María de Sacramenia, Segovia. La sala capitular y el refectorio fueron desmontados y trasladados a la mansión Hearst en 11.000 cajas, donde permanecieron en un almacén de sin ser montadas de nuevo hasta 1952, que fueron vendidas. Hoy día se encuentra en Miami, utilizado como iglesia episcopal, y el conjunto lo completa una colección de escudos de armas provenientes del monasterio de San Francisco de Cuéllar.

– Una techumbre mudéjar del siglo XV perteneciente a la Casa del Judío de Teruel, que se encuentra hoy día en el Morning Room o Hall de la mansión, en la planta baja, junto al comedor. Y una colección de frisos mudéjares provenientes (según estimación del estudioso Félix Brun Gabarda) del Palacio de los Sánchez Muñoz, también de Teruel, que cubre el dormitorio del propio Hearst.

– Dos tablas (de un conjunto de seis, dispersadas por medio mundo) de un retablo gótico de la pequeña Ermita Románica de San Martín, en Riglos (Huesca), y hoy expuestas sobre sendas camas de un dormitorio del castillo Hearst.

A su muerte se pusieron a la venta muchas de dichas piezas; bastantes de ellas recalaron en el museo LACMA de Los Ángeles, que en la actualidad exhibe orgulloso la Colección Hearst. Otras obras que le pertenecieron han regresado a Europa; así, la escultura La Madonna Czernazai pasó al Museo Lázaro Galdiano de Madrid y la llamada Armadura Avant (la más antigua del mundo) se conserva en el Museo Kelvingrove de Glasgow.

Queda claro que un solo hombre hizo mucho daño a nuestro país. El poder del dinero y de la información nos quitó aquello que un día dio esplendor a España: el territorio y el arte. ¿Seguiréis creyendo a pies juntillas todo lo que os cuenten los periódicos después de haber leído esto? Yo hace tiempo que no lo hago…

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