¿Qué hizo Johannes Gutenberg?
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[caja-hombre] El artículo que estás a punto de leer es interesante como pocos. Mi consejo es que leas antes la primera parte, si ya lo leíste, entonces disfruta de la magnífica segunda parte cortesía de Alexis Pardillos.[/caja-hombre]

A pesar del esplendoroso éxito cosechado por el gran artilugio, inventado en beneplácito de la difusión cultural, tras ser Gutenberg demandado por uno de sus socios, por incumplimiento de compromisos financieros, es condenado a pagar 2.026 florines, cantidad importante en la época, lo cual, junto con el resto de acreedores que llevaba a sus espaldas, terminó por pulverizar su estatus financiero, haciéndole quedar completamente arruinado.

Finalmente, sus turbias maniobras financieras con sus socios, el estar siempre apurado económicamente y el ir de un prestamista a otro, en lo que fue un condicionante de su vida, le pasaron factura. Curiosa, cuanto menos, paradoja del que fue hijo de aquel que un día fabricaba, en aquel imperio, la moneda.

Sus enemigos y antiguos socios se aliaron y, como buitres, se apropiaron de todos los proyectos por Gutenberg iniciados, además de quedarse con todos sus instrumentos y el material que minuciosamente el maestro había elaborado.

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Anulado y abatido, Johannes, tal y como han imaginado la mayoría, se refugia en la congregación religiosa de la Fundación de San Víctor, probablemente en la iglesia que esta comunidad franciscana tenía en Maguncia, su localidad natal.

Aquel retiro espiritual y trascendental esclareció sus ideas. También lo hizo, más adelante, el apoyo altruista de Konrad Humery, un funcionario municipal de Maguncia, que, como luz misericordiosa, se erigió en mecenas del maestro y le facilitó todo lo que éste precisó para montar un pequeño taller de imprenta.

Todo ello consiguió que Johannes Gutenberg elevara alas, como si del Ave Fénix mítico se tratara. No merecía menos un personaje que sacrificó parte de su vida por el desarrollo de un elemento que fue vital para la comunicación y para la dispersión de nuestra cultura.

Fue en aquel taller donde Gutenberg, que ya se acercaba a los setenta, dio rienda suelta a su habilidad más añorada, a su pasión más infortunada, publicando algunas obras menores, como, entre otras, un calendario médico en latín y algunas bulas papales y cartas de indulgencia, pero que seguro harían vibrar de emoción e ilusión al artista y editor en aquella, ya avanzada, etapa de su vida.

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Aquellos trabajos fueron el colmo de la perfección impresa, el maestro Gutenberg había adquirido un dominio absoluto de la impresión mecánica de caligrafía clásica. Esa perfección técnica es la que ha mantenido a lo largo de los siglos el reconocimiento de Johannes Gutenberg como el auténtico padre de aquella, que se vino a denominar, imprenta moderna.

Además, por aquel entonces, se le otorga una distinción más. Tras ser perseguido por su insumisión a Adolfo II de Nassau, que entra violentamente en Maguncia en 1462, y ser disuelta la orden de Nassau, su sucesor en el Arzobispado le hace Caballero de la Corte y  le otorga, en reconocimiento a su invento y su avance, una serie de privilegios, como la exención de pagar impuestos y una “pensión” en grano, vestido y vino.

En 1465 el maestro habría alcanzado un bienestar absoluto, tanto a nivel económico como a nivel de reconocimiento social. Su “invento” había ya trasgredido fronteras. La imprenta de tipos móviles era conocida del uno al otro confín y ya se había instalado la Maestría en multitud de ciudades europeas.

De la satisfacción de ver su invento correr como la, permítanme, también de antecedentes orientales, pólvora, gozó el venerable y patricio inventor orfebre antes de su muerte, en 1468. Sus restos se echaron a descansar en aquella, ya por cruentas batallas destruida, pequeña iglesia franciscana de Maguncia.

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Viniera de donde viniese la inspiración de su invención, la imprenta de tipos móviles de Gutenberg, revolucionó la cultura y el mundo de la comunicación en general. - difunde       

En cualquier caso, fue Johannes Gutenberg un hombre adelantado a su tiempo, un personaje que dedicó mucho esfuerzo a la investigación de fórmulas y mecanismos que le permitieran hacer justo aquello que él tenía, inspirado por la musa que fuera, impreso en su mente.

Quién sabe si, quizás, el maestro visionario, había imaginado que pronto, muy pronto, habría mucho que divulgar, con, entre otros, el descubrimiento que estaba por llegar de nuevos continentes, más allá de ultramar, por alguien que aun era adolescente, muy cerca, en ese mismo mundo occidental.

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