Simo Häyhä, la muerte blanca
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Simo Häyhä, uno de los asesinos más grandes de la historia… ¿la diferencia de este hombre respecto a los otros grandes asesinos que le siguen?

Él lo hizo por supervivencia, desde la inmensa frialdad a la que se enfrentaban los combatientes de la Guerra de Invierno de 1939-1940 desenvuelta en la frontera de Rusia y Finlandia.

Arma principal: El rifle M/28 y el subfusil Suomi M-31 SMG.

Número de muertes: Durante 100 días, mató aproximadamente 705 personas.

Dato curioso: Ingería nieve congelada para que el vaho de su respiración no delatase su posición.

la muerte blanca

El motivo por el que os presento aquí el curioso caso de Simo Häyha es para que en los próximos artículos podáis contrastar este caso con el de otros asesinos que, sin haber llegado a esta cifra ni por asomo, contaban con unos métodos, una perversión y una estructura mental totalmente distinta.

Simo mató a 705 personas en tan sólo 100 días en el frío invierno de 1939 y sin embargo no se le considerará como asesino pues en sus palabras “yo solo hice lo que me dijeron que hiciera lo mejor que pude”… Simo seguía órdenes de salvar a su país y combatir contra un ejército que quería invadirlo.

Si comprendemos que sus asesinatos eran a causa de órdenes recibidas por su gobierno, y si más aún, sus acciones iban en contra de la política invasiva y sanguinaria que estaba llevando a cabo Stalin, entonces sus muertes cada vez nos parecen menos duras.

Es curioso ver como una de las personas que más asesinatos ha realizado a lo largo de la historia en relación espacio-tiempo-recursos, pase a ser recordada como un “héroe” en lugar de un asesino. Y sin embargo personas que son conocidas por haber asesinado a una persona, hayan sido repudiados por su entorno y por la historia a lo largo del tiempo.

¿Cuánto vale una vida? ¿Qué necesitamos para etiquetar a alguien como asesino? - difunde       

El hecho de que Simo Häyha haya pasado a la historia como un héroe en combate no solo atiende al número de personas que llegó a asesinar en 100 días durante el invierno de 1939, atiende al “modus operandi” de sus ataques:

La muerte blanca era un excelso francotirador que cuidaba bien cualquier ínfimo detalle. El pueblo finés narra sus emboscadas generación tras generación con cierta aura de leyenda; no dejaba nada al azar. Un pequeño ejemplo de su pulcritud a la hora de actuar lo refleja el hecho de que no usaba mira telescópica ya que los francotiradores eran a menudo delatados por el reflejo del Sol, lo cual añade aún más dificultad a su “gesta”.

Los soldados rusos temblaban solo de oír su nombre pues para ellos la muerte blanca era un escurridizo demonio que coloreaba los blancos parajes fineses con el rojo de su sangre. El ejercito ruso urdió multitud de planes para detenerle (al principio creían que se trataba de un escuadrón), incluyendo la llegada de los más avezados francotiradores rusos para combatirlo e incluso recurriendo a ataques de artillería. Todos esos hombres y recursos para detener a uno solo, a un simple cazador/cuidador de perros: Simo Häyha.

La muerte blanca solo se detuvo cuando una bala explosiva impactó su mejilla izquierda y lo dejó inconsciente. Tardó años en recuperarse pero, tras finalizar la guerra, volvió a reanudar sus labores dedicándose a la caza y a la crianza. Murió con honores el 1 de Abril de 2002.

simo haya muerte blanca

Y por cierto… el disparo que le hirió fue disparado al azar. La muerte blanca no se puede ver.

2 Comentarios

  1. Muy interesante el artículo Irene. Aunque sabíamos de otros francotiradores la historia de Hayha la desconocíamos.

    Es curioso ver como cambian los puntos de vista…
    La propia Constitución contempla la restricción de derechos en "tiempos de guerra".

  2. Expongo el caso de Simo Häyha por la notoriedad de sus muertes, modus operandi e historia personal. Pero realmente podría aplicarse a cualquier situación en la que una persona por oficio o por necesidad de salvaguardar su vida, acabe con la de otros.

    La pregunta es… ¿se plantearía en algún caso que aquellas personas a las que mataba tenían una vida, una familia, unos sueño? ¿Pensaba en ellos como un objetivo al que eliminar atendiendo a unas órdenes? ¿Sentiría pena/ frialdad o disfrute?

    Tras este invierno, llevó una vida pacífica y tranquila.. ¿curioso no?

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