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En Chihuahua (México), desde hace poco más de 1000 años habitan los rarámuri (Hijos del Sol).

Multitud de mitos y leyendas conforman las tradiciones de esta cultura, donde a día de hoy danzan, sacrifican animales y beben tesgüino o maíz fermentado en honor a Rayénari (El dios Sol) y Metzaka (La Diosa de la Luna).

Entre esos mitos, se encuentra el de ‘Los niños de las estrellas’, que trata sobre unos espíritus que bajan del Cielo y dejan embarazadas a algunas mujeres. - difunde        Pasados unos años, estas entidades vuelven en busca de los niños engendrados, llevándoselos de nuevo consigo.

No sólo los rarámuri creen en esto, sino que aquello de que hubo seres que bajaron del cielo para engendrar hijos con mujeres humanas también está presente en la antigua cultura sumeria, e incluso en la Biblia cristiana.

En 1930, una adolescente de quince años se adentró en las cuevas de las cañadas de las Barrancas del Cobre, área tradicional de los rarámuri; quién sabe si por refugiarse de una tormenta o por simple curiosidad… lo que por supuesto ella no esperaba era toparse con los restos semienterrados de dos esqueletos. El de mayor tamaño se encontraba abrazando al más pequeño. La chica quería llevarse consigo los restos óseos a casa, pero pronto supo que dichos esqueletos no serían bien recibidos por sus progenitores o parientes en su hogar; por lo que tuvo que improvisar un lugar donde esconderlos hasta que pudiese llevárselos definitivamente.

Ella escogió un lugar que desgraciadamente muy pronto dejó los restos a la intemperie, expuestos a la dura climatología que azotaba esa zona. Ya siendo adulta volvió a buscarlos, pero sólo pudo encontrar dos cráneos y un maxilar que conservó hasta su propia muerte a mediados de los 90.

Tras su muerte, y tras haber tenido los restos guardados en una caja de cartón durante largo tiempo; un amigo de la fallecida que recogió sus pertenencias no sabía qué hacer con ellos, y se los entregó a un matrimonio coleccionista de objetos curiosos y aficionados a la ufología, en la ciudad estadounidense de El Paso. El matrimonio pronto se fascinó con la extraña apariencia de uno de los cráneos y decidieron ponerlo a disposición de Lloyd Pye y Mark Bean; dos investigadores especializados en genética. Los norteamericanos colaboraban con Trace Genetics CA USA, y el Instituto Royal Holloway en Londres, además de contar con el apoyo de especialistas en química, neurociencia y cráneo-fisiología. Todos ellos llegaron a la conclusión de que existía una probabilidad del 90% de que el cráneo fuese un híbrido entre madre humana y padre de una raza desconocida.

craneo starchild

Las pruebas de carbono 14 y ADN realizadas por el Dr. David Sweet de la Universidad British Columbia en Vancouver (Canadá), dieron como resultado una antigüedad de 900 años para ambos cráneos.

El primero de los cráneos era aparentemente normal y perteneció a una mujer joven, de una edad comprendida entre veinte y treinta años; y el cráneo extraño era de un niño de entre cinco y siete años.

Su bizarra morfología llamaba claramente la atención de los investigadores, puesto que tenía un abultamiento a los lados de cada ojo y su parte posterior era alargada y aplastada. Las cuencas oculares son extremadamente superficiales, por lo que se dedujo que la movilidad en los ojos de la criatura era nula. Además, el llamado foramen magnum; el agujero que se encuentra en la base del cráneo y que lo une a la columna vertical, se encuentra anormalmente adelantado, casi rozando el centro de la base.

El pequeño cráneo ha sido bautizado con el nombre de ‘’Starchild’’ o ‘’El niño de las estrellas’’ y ha despertado un enorme interés científico gracias al investigador Lloyd Pye; que es el propulsor del ‘’Starchild Project’’ con el cuál ha reunido a un gran número de científicos e investigadores de todo el mundo, con el único fin de dar respuesta a todo este peculiar misterio.

Starchild craneo

Las anomalías que presenta el cráneo del niño de las estrellas son muy numerosas, y lo hacen totalmente diferente de cualquier otro cráneo encontrado en el mundo. Su aspecto físico y químico no deja de llamar poderosamente la atención. Entre algunas de sus inusuales características se encuentran las de que las órbitas de las cuencas de sus ojos no tienen relación con la de un ser humano normal, carece por completo de los senos frontales o del menor signo de pozos (lacunae), que normalmente se hallan diseminados por toda la superficie craneal, y lo mismo ocurre con el arco superciliar; característica de los humanos y de todos los primates superiores. También carece deinión (el punto más prominente de la parte posterior de la cabeza en el hueso occipital). Por el contrario, destaca un pliegue a lo largo de la sutura sagital y un enorme tamaño del oído interno impropio de cualquier ser humano.

El estudio realizado en el área craneal donde se alojaba el cerebro determina que era un tercio más grande y pesado de lo que debería ser para su tamaño. No menos enigmático es el advertir la presencia en el maxilar tanto de dientes impactados como de dientes maduros; su paladar excesivamente pequeño no es arqueado, sino completamente plano.

A nivel químico, la presencia de las fibras es una especie de residuo de color rojo. El citado residuo está dentro de los agujeros esponjosos del hueso, y hasta el día de hoy no ha podido ser identificado. Dado que las bacterias presentes en un organismo eliminan cualquier materia en los agujeros esponjosos, (y no, no se trata de sangre coagulada, que es de color negra y no sobrevive a las bacterias en acción) se podría intuir que el residuo rojo no es orgánico.

niño de la estrellas

Algunos podréis afirmar que se trata de alguna deformidad o enfermedad congénita, pero las pruebas que desmienten esta teoría y que tanto ha trabajado Lloyd Pye en hallarlas se acercan cada vez más a la verdad.

Se trata realmente de un niño engendrado por una madre humana y un padre venido de las estrellas? - difunde       

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