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¿Te has preguntado alguna vez como ser feliz y llevar una vida plena? Estoy segura de que sí. Es más, estoy segura de que le has hecho esta pregunta al Sr. Google y que te ha respondido con cosas como estas: “aquí los diez pasos para ser feliz”, “te contaré el truco infalible para llevar una vida plena y abundante”, “Te Ayudo a Mejorar Tu Autoestima y tu Bienestar en tan sólo Tres Horas, Implementa mi Nuevo Programa AHORA, Vamos, A Qué Esperas Para Ser Feliz, CÓMPRAME”.

Sin entrar a evaluar la eficacia de todas estas entradas que nos muestra Google (aunque yo creo que algo tan trascendental como la felicidad o la abundancia no puede desgranarse en “diez sencillos pasos” o “un truco infalible”) me gustaría ofrecerte una visión distinta sobre el tema.

En el siguiente artículo, no vas a encontrar ni una sola recomendación para ser feliz o llevar una vida profunda y auténtica. Al contrario, lo que quiero compartir contigo son tres sencillísimos pasos que puedes implementar ¡desde hoy mismo! para llevar una vida mortecina, superficial y sin sentido alguno.

Sí, has leído bien: quiero compartir contigo tres estrategias infalibles que te conducirán a una de esas vidas que te arrepentirás de haber vivido a los 80 años, cuando ya sea un poco tarde para volver atrás.

A veces no hay mayor impulso para el cambio que ver lo que hacemos para empeorar una situación. Ojalá en medio de este artículo, escrito con cierta ironía pero también con el ánimo de reírnos un poco de las barbaridades que hacemos, encuentres una verdad que te haga “clic” y digas: “Vaya, es hora de hacer algo diferente

Acompáñame a descubrir los tres pasos secretos para vivir sin alegría y sin sentido, son tan sencillos que te sorprenderás. ¡Vamos, a qué estas esperando!

PASO 1: PÁSATE MEDIA VIDA PENSANDO EN LO INAPROPIADO QUE ES TU CUERPO, Y SOMETIÉNDOLO A TORTURAS Y DISFRACES VARIOS

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Te voy a hacer una pregunta antes de nada: ¿qué precio le pones a tu cuerpo? O voy a ser más específica: ¿qué precio le pones a tus dos ojos o a una de tus manos? Es decir… ¿por cuánto venderías tu capacidad de ver, de tocar o de leer con el móvil?

Seguramente has dado una cantidad mucho mayor de 1000 euros. Tal vez hayas llegado a los 100.000 o al millón de euros. Posiblemente consideres que tu sentido de la vista, o del tacto, o poder caminar sin la ayuda de un bastón vale tanto que no tiene precio…

Bien, si esta ha sido tu conclusión te recuerdo entonces que tienes un regalo cada día que vale más de un millón de euros. Seguramente no tengas nada tan valioso como esto: ni tu casa, ni tu coche, ni las últimas vacaciones, ni todas tus posesiones materiales juntas. A pesar de eso, probablemente no pierdes ocasión de criticar este regalo: es demasiado gordo, es demasiado flaco, tiene granos, arrugas, es irregular, tiene mucho pelo, le falta pelo… Es más, quizás no sólo criticas este regalo de un millón de euros de vez en cuando, sino que te pasas media vida (porque la otra mitad estás trabajando) pensando en cómo “mejorarlo”: tintes para el pelo, gimnasio, dietas, uñas de gel, ropa, cirugías, cremas, depilación, accesorios varios…

Querer lucir una apariencia armónica y agradable es una cosa. Obsesionarse con la apariencia y dedicarle la mayor parte de tu energía vital y tus valiosos pensamientos, es otra cosa muy distinta.

No hay nada mejor para llevar una vida sin sentido que gastar todo el tiempo y toda la energía disponible en una tarea sin fin como esta… Mientras estés preocupado por cómo tener los dientes más blancos o qué zapatos estilizan más que otros, o cómo disimular esos kilitos de más, no tendrás tiempo para pensar en otras cosas. Cosas tales como lo afortunado/a que eres por haber nacido en España, la forma de conseguir un trabajo que te encante, qué hacer para llevarte mejor con las personas que te rodean o en qué te haría más feliz emplear tu tiempo libre.

La obsesión por la belleza se parece mucho a la obsesión por el dinero: estos factores pasan de ser considerados un medio para una vida más plena y agradable (porque tanto la belleza como el dinero son muy importantes, nos permiten conseguir cosas valiosas) a constituir el fin.

En una vida sin sentido no importa el para qué (para qué tener una imagen armónica, para qué tener seguridad económica), lo único que importa es acumular, subir de nivel y meterse en una espiral ascendente del “cada vez más”, donde el objetivo o el fin último se olvidó hace mucho tiempo…

Hazme caso: si quieres desperdiciar tu vida tontamente, olvídate del maravilloso regalo que es tu cuerpo y pasa a criticarlo constantemente y obsesionarte con tu aspecto, haciendo que toda tu vida (tus pensamientos, tu alegría, tu tiempo, tu energía) gire en torno a este único tema.

PASO 2: OBEDECE CIEGAMENTE Y HAZ LO QUE OTROS TE DIGAN

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Para llevar una vida absurda y sin sentido, jamás tienes que permitirte pensar qué es lo que tú quieres. No, esas cosas las hacen las personas despiertas. En tu caso limítate a obedecer y seguir órdenes. Da igual de dónde vengan: de tus padres, de tu jefe, de tu pareja, de tu vecino, de lo que llamas “la sociedad”, de tus amigos, de tu ídolo, de la última película que has visto…

Las personas que son muy buenas y han aprendido a obedecer desde muy pequeñitos, pasados los veinte años ya no saben ni quién son, ni qué es lo que quieren, ni qué les gustaría hacer. Estas personas buenas y dóciles presuponen algo tan sorprendente como que los demás saben mejor que ellos mismos qué es lo que pueden y quieren hacer.

En serio, esto es algo bastante curioso. Es como si un camarero en una cafetería preguntara: ¿oye y a tu amigo qué le apetece tomar hoy? Y el dependiente de la tienda dijera: Bueno ¿y qué prefiere tu pareja, la de color rojo o la de color azul? Y el entrevistador de una oferta de empleo dijera: Bien señora, ¿qué opina de las condiciones del puesto al que aspira su hijo?

Hacer lo que otros nos dicen, sin cuestionarlo, nos conduce a una vida de vacío y sometimiento peeero… también tiene importantes ventajas. Muchas personas se sentirán muy bien a nuestro lado, nos darán afecto, nos dirán que “somos buenísimos” y alardearán con orgullo de nuestros éxitos (que en realidad son sus éxitos, porque los eligieron ellos). Si obedeces, nunca tendrás que enfrentarte al rechazo por salirte fuera del camino establecido y jamás serás responsable de nada, pues siempre puedes culpar al que te dio la orden.

A pesar de que obedecer es tan cómodo y favorable, hay algunos locos descerebrados que eligen otra opción: tomar sus propias decisiones aunque incomoden a todo el mundo. Estos locos toman la arriesgada decisión de dedicar el resto de su vida a recuperar éso que han perdido por seguir instrucciones ajenas. Estas personas que van en búsqueda de su autenticidad, de sus deseos verdaderos, de la vocación con la que nacieron (y que se diluyó en tantas otras vocaciones impostadas) prefieren morir en el intento a seguir el camino que otros han elegido para ellos. Verdaderamente esto es una locura, ¿no crees?

Tú que me estás leyendo tranquilamente en casa, seguramente desde tu móvil último modelo, no sigas estos anhelos atrevidos si quieres llevar una vida monótona y sin sentido. Sigue obedeciendo. Sigue comprando el afecto de otros a base de hacer lo que te dicen. Y si alguna vez tienes un deseo tan raro y fuerte que no te deja dormir por la noche (porque tu verdadero ser nunca dejará de llamarte, el muy pesado nunca dejará de susurrarte sueños descabellados), apresúrate a drogarte con alcohol, pastillas y diversión y espera a que se te pase. No hagas caso a esa voz o sufrirás las consecuencias. Avisado estás.

PASO 3: OLVIDA QUE ERES UN HÉROE

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Naciste amoroso, vital, conectado contigo mismo, enérgico, sensible, hábil, potente, generoso y con un montón de dones en estado de latencia, esperando expandirse para compartirse con el mundo. Por supuesto, si quieres llevar una vida sin sentido esto tienes que olvidarlo. Olvidarlo de verdad.

Para ello, recuerda las veces que te han dicho que “no eres especial” o que “eres malo, estúpido o egoísta” (simplemente por romper un plato, equivocarte en una suma o pedir tu comida favorita, pecados gravísimos) y créetelo. Recuerda las veces en que has mostrado tus talentos y los adultos que te rodeaban lo han ignorado o han soltado un “pfff” sarcástico y dales a esos adultos la razón. Recuerda también esas ocasiones en que te han dicho que te reprimas, que eso está mal, que no debes pedir, que un niño bueno no hace lo que siente en el fondo de su corazón sino lo que otros le dicen (paso 2: obedecer a toda costa es el único fin) y ríete de tu maldad e ignorancia de entonces.

Recuerda situaciones similares a estas y ponlas bien arriba en tu conciencia, para que se te olvide de una vez por todas que tu destino es ser un héroe, una persona íntegra, conectada y potente que consigue lo que se propone y que ayuda a otros a hacer lo mismo.

Cada vez que quieras hacer algo grandioso, invoca a esa voz en tu cabeza que te dice: “no digas estupideces, tú eres un tipo corriente, no aspires tan alto que te vas a caer”.

Cada vez que tengas un pensamiento mezquino, en vez de preguntarte de dónde viene y comprenderlo, vuelve a repetirte el discurso mental de “claro, es normal, los seres humanos somos violentos, egoístas y aprovechados por naturaleza, sometidos a la genética, no tengo nada que hacer”.

Cada vez que surja en ti un pensamiento puro de ayudar a otro, disúadete a los diez segundos con argumentos como “y para qué, si no me lo va a agradecer, si yo en realidad no puedo hacer nada, mejor me voy a tomar una caña y me olvido de de todo”.

Y sobre todo, cada vez que veas a un niño o a un adolescente vital hacer lo que a ti no te dejaron hacer (por ejemplo pedir cariño, decir lo que piensa, ser comprendido en vez de reprendido, seguir sus propios instintos) enfádate, enfádate mucho, porque el enfado irracional es mil veces preferible a conectar con el propio dolor de no haber tenido eso. El enfado es más soportable que un dolor tan hondo, denso y oscuro. Y lo que no tienes que saber es que el contacto con el dolor puede liberar toda tu grandeza, la potencia de tu espíritu de héroe. Por ello, apártate de este camino.

En las vidas sin sentido sólo hay hueco para personas pequeñas, corrientes, cínicas, soberbias, llenas de vicios y oscuras ambiciones, y que miran con paternalismo a aquéllos que sienten que no son como ellos. Olvida lo antes posible que en el fondo eres un héroe si quieres que tu vida transcurra monótona, sin conflictos y sin complicaciones.

Sigue estos tres sencillos pasos y pronto desaparecerán todas las inquietudes raras y desconcertantes que a veces sientes. Una vida sin sentido transforma a la persona en un maniquí: no sientes el sufrimiento, ni tampoco la alegría. Vives tranquilo y sin cuestionarte nada, pero tampoco tu cerebro se impresiona con los descubrimientos. En una vida sin sentido sólo importa la apariencia y la superficialidad, y si prosperas mucho en tu empeño, quizás al final consigas alcanzar una falsa felicidad hecha de diversiones esporádicas y sonrisas forzadas.

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Coach personal, profesora, investigadora y creadora de la página www.puedoayudarte.es. En Conspiración o Mentira me gusta tratar temas de actualidad y crítica social, que generalmente no abordo en mi blog. Respecto a mi trabajo, me dedico a ayudar a las personas inquietas e insatisfechas con su vida a recuperar la confianza, mejorar la autoestima y gestionar mejor su tiempo y energía. Me apasiona leer, escribir y aprender (tampoco le digo que no a un buen vino en un sitio agradable). Opino que no hay acción más relevante que conocerse a uno mismo y desde ahí construir nuestro proyecto de vida. ¡Te espero en mis artículos!

1 Comentario

  1. […] En general, pensamos que somos menos fuertes de lo que creemos. De hecho, basta que suceda un acontecimiento triste o traumático (una muerte, un divorcio, una enfermedad, un despido) para que nos demos cuenta de que podemos resistir más de lo que creíamos, que eso que pensábamos que “nos iba a matar” en realidad nos ha obligado a ser más fuertes. Yo pregunto… ¿y si en vez de esperar a que ocurra un evento trágico, empezamos a desarrollar nuestra fortaleza y coraje desde hoy? ¿Y si dejamos de creer que somos pequeños y débiles en lugar de héroes? […]

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