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Todos los días, los periódicos y los noticieros están llenos de noticias violentas: crímenes, fraudes millonarios, guerras de sangre (y de poder). Sin ir más lejos, hace muy poco hemos conocido dos noticias devastadoras: la primera, el asesinato de dos chicas por parte del exnovio de una de ellas; en segundo lugar, el degollamiento ritual de una madre hacia su propio bebé. Cuando salen este tipo de noticias espeluznantes, las personas hacemos generalmente tres cosas:

  1. Nos espantamos. Nos sorprendemos. Nos enfadamos muchísimo. Esto está bien, es lógico de la condición humana sentirse conmocionado ante un crimen terrible, el problema es que este espanto y enfado desemboca sólo en las acciones 2 y 3 (y no en las tres que apunto después). Veámoslas:
  2. Por comparación, pensamos en “lo buenos” que somos nosotros (que nunca hemos hecho cosas tan terribles, qué es gritar, humillar y despreciar al lado de eso) y “lo malos” que son los otros. Nos sentimos bien. Nos atrincheramos en una torre de soberbia desde la que nos permitimos dar “lecciones de paz” o de moral al mundo (nosotros, que nunca somos violentos, ni estafadores, ni manipuladores). Nos permitimos exigir con vehemencia castigos para esas personas que son indignas de llevar ese nombre (para nosotros no, claro que no, nunca hemos matado a nadie a hachazos ni robado dos millones de euros).
  3. Muchas veces esto desemboca en acciones a nivel social de “lucha contra…”. En este nivel, las personas decidimos que vamos a luchar activamente contra las injusticias de este mundo, en especial contra la violencia. Lucha contra la violencia… ¿no es paradójico esto? ¿Cómo la violencia (lucha) va a poder contrarrestar la violencia? ¿Cómo el odio y la repulsa, contra ciertas personas, en las que proyectamos todos nuestros males, va a conducir a una sociedad a algo positivo? ¿La violencia engendra paz? ¿El odio engendra amor? ¿¡Desde cuándo!?

odio asesino

En muchísimas menos ocasiones, algunas personas, cuando escuchamos o leemos esas espeluznantes noticias de acoso, violencia, estafas, locuras asesinas, etc., además de pasar las fases anteriores nos dirigimos a un terreno mucho menos explorado y hacemos lo siguiente:

  1. Nos preguntamos, muy sinceramente y con interés casi científico, qué puede llevar a una persona a hacer algo así. ¿Por qué alguien podría descargar una crueldad máxima contra su propia pareja, su propio hijo? ¿Por qué alguien tiene esa necesidad insaciable de dinero y poder? ¿Qué lleva a un ciudadano retraído a convertirse en un asesino en serie de personas a las que no conoce? Si esta pregunta está formulada de forma honesta y busca conocer la verdad, no sé conformará con explicaciones banales, superficiales y estúpidas como las que se ven normalmente “todo es culpa del machismo, el capitalismo, algunos nacen con un gen del mal y punto”.
  2. Si nuestra pregunta es valiente, nos llevará a sentir la necesidad de comprender al asesino/a, ladrón/a, abusador/a de niños. Comprender sus motivos oscuros y neuróticos, su historia de vida, las razones de un comportamiento tan alejado de la condición humana original (los seres humanos como mamíferos sociales que cuidan unos de otros). Aquí tengo que hacer una puntualización importante, antes de que las personas luchadoras se tiren de los pelos y me digan: “¿comprender a un asesino? ¿Es que acaso no es responsable de sus actos?” Por supuesto, comprender NO es justificar. Comprender NO es eximir la responsabilidad. - difunde        Si uno ha obrado mal y es adulto, tendrá que asumir las consecuencias de sus actos. Con total responsabilidad. Pero esto no es impedimento para que, entre todos, intentemos comprender qué circunstancias llevan a una persona a actuar así. Comprender la dinámica de los circuitos de violencia y abuso de poder va en beneficio de todos, es la única forma real de prevenir y solucionar el problema.asesinatos
  3. No nos vendría mal, cuando ocurren cosas espantosas, bajarnos de la torre de soberbia del “yo soy muy bueno, nunca haría algo así” y contactar con nuestra propia estupidez, locura y crueldad. Vamos a ver, ni ellos son tan malos ni nosotros tan buenos. Está muy bien no llegar al nivel de un sádico sexual o un estafador millonario, pero quizás cada uno de nosotros, en otras circunstancias, con otra historia personal, otras compañías o un nivel de desesperación más intenso habríamos actuado de forma parecida. ¿En qué punto nosotros ejercemos violencia, física o verbal, en nuestro día a día? ¿Cuándo hemos actuado de forma irracional? ¿Qué ideas locas y terroríficas se nos pasan por la mente que nos da miedo admitir? ¿No estamos haciendo daño al otro cuando lo insultamos por twitter, o lo llamamos estúpido, o ridiculizamos sus comportamientos? ¿Nunca hemos robado ni un céntimo en el puesto de trabajo o defraudado a Hacienda?

 

En resumen, el mal ajeno nos podría conducir a la humildad (al contactar con nuestra propia maldad y fragilidad, que también existe) y a un cuestionamiento como sociedad de qué está pasando para que estemos tan necesitados de hacer daño y luchar contra lo que sea. La lucha ciega contra la violencia, la lucha que no busca ni preguntarse ni comprender honestamente, sólo engendra más odio, más tensión, más enfrentamiento intelectual y por último más violencia. Por contra, la comprensión amplia y profunda del mundo en que vivimos (comprensión, NO justificación y NO exención de la responsabilidad) es lo único que nos puede llevar a buen puerto.

¿Y tú? ¿En cuál de estas seis acciones te paras más a menudo? ¿Nos lo cuentas?


Créditos de la imagen: Pixabay

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Coach personal, profesora, investigadora y creadora de la página www.puedoayudarte.es. En Conspiración o Mentira me gusta tratar temas de actualidad y crítica social, que generalmente no abordo en mi blog. Respecto a mi trabajo, me dedico a ayudar a las personas inquietas e insatisfechas con su vida a recuperar la confianza, mejorar la autoestima y gestionar mejor su tiempo y energía. Me apasiona leer, escribir y aprender (tampoco le digo que no a un buen vino en un sitio agradable). Opino que no hay acción más relevante que conocerse a uno mismo y desde ahí construir nuestro proyecto de vida. ¡Te espero en mis artículos!

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